Chiclayo y sus poetas trágicos / Nivardo Córdova
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En la poesía de Chiclayo hay una trilogía que destaca: José Eufemio Lora y Lora, Juan José Lora Olivares y Juan Ramírez Ruiz.
JOSÉ EUFEMIO LORA Y LORA. «JELYL»
José Eufemio Lora y Lora, «Jelyl» (Chiclayo 1885–París 1907) abre el siglo XX con “Anunciación”, verdadero debut y despedida con tonos del romanticismo, pues moriría en Paris atropellado antes de ver la madurez. Su poema “Piedad” se deja leer como una triste elegía:
Sea hoy, Señor, mi compasivo ruego
el del viejo filósofo eleusino
por el perro que ladra en el camino
por el peñasco que desciende ciego.
Piedad, Señor, piedad para la pena
que hizo vibrar el hierro al asesino,
para el vino maldito, para el vino
cuyo sorbo final está en el Sena.
Y para el pensamiento que en la noche
sin bordes de la Nada quedó preso
antes de hallar su verbo cristalino;
como la flor helada antes del broche,
como el amor extinto antes del beso,
como el canario muerto antes del trino.

Cabe señalar que la editorial Pobre Cartonera en diciembre de este año 2024 presentó públicamente la edición facsimilar de «Versos», en base a la edición original editada en Lima por la imprenta del Monitor Popular, año 1902.
El único ejemplar conocido de «‘Versos»’ de José Eufemio Lora y Lora, perteneció al poeta y periodista pacasmayino Nicanor de la Fuente (Nixa), quien en 1985, publicó una reseña en el diario «La Crónica».
Según se informó en redes sociales, la edición facsimilar incluye el estudio ‘La meteórica poesía de José Eufemio Lora y Lora’ del profesor Jim Alexander Anchante Arias, doctor en literatura por la Universidad Nacional de San Marcos.
JUAN RAMÍREZ RUIZ
Poeta contestatario, radical y marginal, Juan Ramírez Ruiz nació el 27 de diciembre de 1946 en Chiclayo, fundó el movimiento literario Hora Zero en la década del setenta, publicó tres poemarios intensos, pero decidió vivir sus últimos días en las calles y murió atropellado por un ómnibus interprovincial el 17 de junio de 2007 en la Panamericana Norte, entre las ciudades de Virú y Chao.

Sin duda, la trascendencia nacional y universal de su obra poética, lo sitúa como una de los poetas emblemáticos del Perú. Pero ante todo, él sigue representando a su “patria chica”: Chiclayo. Su partida hacia la eternidad, no sólo cierra una trilogía de poetas emblemáticos nacidos durante el siglo XX en Chiclayo, sino que retrata con fidelidad la cultura poco conocida de esta peculiar urbe del norte peruano, tantas veces desdeñada por otras culturas “oficiales”.
De hecho JRR se vincula a la tradición literaria peruana, pero, es evidente su filiación emocional con otros poetas chiclayanos que lo precedieron: José Eufemio Lora y Lora (“Jelyl”) y Juan José Lora Olivares, poetas de intenso registro lírico y que de alguna manera tuvieron una existencia marcada por la tragedia.
Juan Ramírez Ruiz, que en 1971 publicó un poemario fundacional titulado “Un par de vueltas por la realidad”, fue chiclayano y nunca dejó de serlo, aunque en el conjunto de su obra las citas geográficas sobre Lambayeque son pocas. Su vinculación con Chiclayo la podemos rastrear en los poetas que lo precedieron.
JRR tiene un justo sitial en la historia literaria por ser el co-fundador y principal teórico de Hora Zero en la década del 70, el movimiento poético peruano más importante de fines del siglo pasado, que impuso un cambio radical en la poesía peruana y latinoamericana con su concepto del “poema integral”, y de cuya “mundialización” actual dan cuenta, además de blogs y web sites especializados, una serie de monografías, textos críticos, antologías literarias y tesis doctorales en universidades del Perú y el extranjero. Sus “Palabras urgentes” son un manifiesto contundente que reclamaba para la poesía el acceso de la calle, los seres cotidianos, la palabra coloquial y descarnada, junto con la preocupación social.

En JRR confluyen otras dos características de los poetas geniales: calidad literaria y una vida cercana al mito. Es lo que se llama, un poeta de culto. Pero, como decíamos líneas arriba, JRR tiene una patria chica a la que le ha dado brillo y esplendor: Chiclayo. Podemos aventurarnos a decir lo siguiente: si desde la arqueología, el descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán contribuyó a llamar la atención sobre el pasado prehispánico de la región Lambayeque, la obra literaria de Juan Ramírez Ruíz reinventa a Chiclayo como el nuevo mito literario peruano, a la altura del Santiago de Chuco de Vallejo, el Barranco de Eguren o la Lima de Luis Hernández. Pero, reiteramos, es la poesía de Ramírez Ruiz, la que sobrevivirá (o acompañará) a su mito, como dos caras de una misma moneda.
Sin duda, Juan Ramírez Ruiz, al margen de ser uno de los poetas peruanos más significativos, es también el poeta de Chiclayo por antonomasia. “Solitario”, uno de sus últimos poemas, perteneciente a s último libro “Las armas molidas” (Arteidea, 1996) y reeditado el verano de 2004 en la revista literaria “Don Loche”(6) fue acaso su más nítida premonición:
Solitario -en una duna interminable
agoté mi cuerpo
colocando un poro mío en cada estrella…
Y ahora es remoto el aire-
y cercano al estante de los médanos…
Hablo incendios y estallidos…
En cada ojo tengo tres tristezas…
En cada día nuevas noches…
Estaba yo pensando –
y de pronto la tierra se hospedó en mi cuerpo.
(JRR en «Las armas molidas)
Más allá de las circunstancias trágicas de su muerte, definitivamente, Chiclayo y el Perú entero están en deuda con Juan Ramírez Ruiz: la publicación de su obra poética completa es un compromiso pendiente.
JUAN JOSÉ LORA OLIVARES
Asimismo, el poeta Juan José Lora Olivares (Chiclayo 1901– Lima,1961) es partícipe de ese mismo destino. Prisionero en El Frontón por su militancia política y víctima de la adicción a la morfina(5), supo transfigurar su tragedia personal en los versos de tono popular y modernista de su poemario “Con sabor a mamey”, editado en 1961 por Juan Mejía Baca, un verdadero clásico de la “chiclayaneidad”.
El poema “Retorno”, leído luego de la muerte de JRR, puede funcionar como el epitafio perfecto:
Este era el triste caminando alegre
por pueblo sin calles, casa entera.
No estaba en el balcón la primavera
y él silbaba para que saliera.
Seguía el triste caminando alegre.
Puso su pena en linda pajarera,
más, chiroque, rebelde a su manera,
murió sangrando miel algarrobera.
¿Cómo era el triste caminando alegre?
lo juro, madre, yo no sé como era;
pero lo siento como si lo viera;
era un fantasma de bendita cera.
¿Ya no es el triste camino alegre?
Si lo es: ¡Yo soy! Y me sabrá quienquiera
baile con su alma, sola y compañera,
esta nostalgia que me atondera.
Yo soy el triste, caminando alegre,
que canta por Chiclayo en esta espera
universal retorno y primavera,
por si Chiclayo desapareciera.
ESQUINA SIETE DE ENERO Y SAN JOSÉ
(Poema de Juan José Lora Olivares en “Con sabor a mamey”, 1962)
Poste de luz, compañero,
cuántas cosas por ti sé;
y tú me sabes sincero
esquina Siete de Enero
y San José.
Alumbrabas mi sendero
¿Y qué pasó?, algo fue.
Pero ¿quién no es pasajero
esquina Siete de Enero
y San José?
Ayer, sobre tu madero
mi corazón te grabé;
y el tuyo lo llevo entero
en mi cruz; Siete de Enero
y San José.
Poste de luz, compañero,
junto a ti mi verso en pie,
mientras yo doblo el sendero,
esquina Siete de Enero
y San José…
La obra de Lora genera mucho interés. Prueba de ella es que la segunda edición del poemario «Con sabor a mamey» (2023) por iniciativa del periodista e historiador chiclayano Guely Villanueva Díaz, quien estuvo presente en la ceremonia de presentación y comentó que este volumen llena un vacío porque la primera edición del libro -editada en 1962- prácticamente ya no es posible conseguirla por estar agotada, salvo en bibliotecas de coleccionistas o archivos especializados. (Ver aquí)
La presentación se realizó en la Casa Comunal de la Juventud en enero de 2023 a cargo de la directora del Archivo Regional de Lambayeque, Ada Lluén Juárez, quien señaló que la obra literaria de Juan José Lora es patrimonio cultural del Perú por su calidad estética y literaria, además de su profunda vinculación con Chiclayo y Lambayeque. Lora es autor de los poemarios: Diánidas (1925), Lydia (1927) y Con sabor a mamey (1962).
El libro contiene, además del prólogo de Guely Villanueva Díaz, textos de quien fuera el gran poeta y crítico literario monsefuano Alfredo José Delgado Bravo y el inteletual y dirigente aprista Luis Heysen, quienes conocieron de cerca al poeta Juan José Lora Olivares.
Leídos en perspectiva, los poemarios “Anunciación” (París, 1908) de Jelyl y “Con sabor a mamey” (1962) de Juan José Lora Olivares son tributarios remotos de “Un par de vueltas por la realidad” (1971) -“libro de culto en el Perú, La poesía en Chiclayo es un río…
(*) Nivardo Córdova Salinas es Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura (UDEP), periodista profesional, integrante de Prensa Franciscana y director del diario digital «Río Hablador».
NIVARDO CÓRDOVA EN RÍO HABLADOR
Ver aquí: https://elriohablador.wordpress.com/category/nivardo-cordova/

