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«Cuerpos volátiles» de Leyser Gonzales Chumacero / Por Ernesto Zumarán

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ESCRIBE: Ernesto Zumarán Alvítez (*)

He aquí un poeta que no tiene temor de llamar a las cosas por su nombre. El dedo deicida emplaza al lector y al dios que lo crea en cada palabra a través de cada poema. «Cuerpos volátiles» (Nectandra Ediciones, 2025) está dividido en dos estancias: Cuerpos volátiles 1 y Cuerpos volátiles 2. En ambos el poeta esgrime la palabra con un poderoso tono imprecatorio, desafiante, increpador. No le teme al desafío que lo enfrenta de sopetón a la condición humana. Sin pelos en la lengua, avanza en cada poema – que no llevan títulos ni están numerados, al desnudo y sin tapujos-anunciando un evento premonitorio, una profecía:
Pronto se avecina la gran tormenta
El olvido lloverá con fuerza
y nos arrastrará hasta las riberas del silencio

La voz del poeta es clara y firme. Suena a diatriba y a improperio. No se detiene ante nada cuando se trata de derrumbar íconos. El poeta advierte y avanza. Señala con el dedo acusador, osado como nadie. Tiene el coraje y la audacia de abordar la condición humana con el carácter de alguien que es consciente en grado sumo de la necesidad de aprehender la belleza y sacudirla, de sentarla en las rodillas y ultrajarla:
Eres horrible
de lo contrario serías un dios estirándote las alas
en algún cielo de ocio infinito

El poeta Leyser Gonzales, sin miramiento alguno, se hunde en los abismos del Ser, en el lodo de la nada con el único fin de extraer la piedra de la locura, de coger el rayo que cae del cielo (pararrayos de Dios, llamaba Rubén Darío a los poetas) y entregarnos a nosotros, simple mortales, el oro de la vida en fulgurantes lingotes. Como Lautréamont inmortal, echa mano a la blasfemia y maldice:
¡Quién esté muy maldito
ya puede aspirar al cielo!
No tengo nada que dar a nadie:
Mis poemas son como perros sarnosos
Ladrando en las calles

El poeta es corajudo, no le teme ni siquiera a la muerte ni al olvido. Conduce su élan vital hacia el más arriesgado de los extravíos. Aunque su lenguaje no es oscuro, es salvaje y provoca, pone el pecho y avanza, porque sabe que es la única forma de domar la belleza y conquistarla, y, sobre todo, de enrostrarle al Hombre esa condición tan enaltecedora:
Nadie podrá reconocerme
Hace tiempo que dejé de ser un árbol pusilánime
Escondido bajo las ramas de la melancolía
(…)
El poema apesta a belleza

Lo que realidad pretende en todo momento el poeta Leyser Gonzales es descubrir la Verdad. Está cansado incluso hasta de su propia melancolía. No duda en lanzar zarpazos a diestra y siniestra a fin de desgarrar las tinieblas maternales que cubren la pulpa blanca y cierta de la vida:
Lo digo de una vez:
Voy amarme sin que una sucesión de mentiras
Me orille al exterminio

Pero para ello es necesario no fatigarse, avanzar nuevamente con la certeza de que está de su lado el empeño rítmico de las palabras, obsesionantes y siempre abiertas a los hallazgos más audaces. El poeta sabe que lo puede asaltar la “gran nostalgia”, y a partir de ahí fracasar en su camino hacia su ética más anhelada:
No tenemos más remedio que aceptar
que la nostalgia será nuestro infierno:
allí nos mezclaremos con todos los cuerpos
allí nos mezclaremos con los lenguajes de la impiedad
allí pasaremos la eternidad muriendo
de millones de formas
volátiles siempre

Aunque en algunos poemas puede haber un tono de proclama, en ningún momento cae en lo panfletario, pues los hallazgos verbales y las imágenes resplandecientes que afloran en muchos de ellos impiden efectivamente que se derive en ese estilo.

El estilo, por lo demás, va de la mano con la irreverencia y la insatisfacción. A partir de ese estado, el poeta Leyser Gonzales trasgrede los parámetros de una sociedad atosigante, se rebela en cierto modo contra una moral que no define nunca ni exorciza sus límites éticos. Es en ese sentido que nuestro poeta busca en el poema redefinir dichos límites, apelando a su propia creación, en aras de una restauración que revele la certidumbre de la existencia:
Dime poema
¿Quién te ha enseñado a respirar
¿Hasta cuándo tendrás el aire suficiente
Como para existir
Sin expirar en cualquier parte?

(…)
Las almas se romperán
y nadie está dispuesto
a cuidar de las raíces de una rosa
para que el paraíso siga existiendo:
ah quien podrá decir
yo veo con los ojos del poema

Y una clara manifestación de rebeldía, en su afán absoluto de belleza y verdad, es su rechazo a la idea de progreso material en aras de una experiencia más profunda y espiritual. El poeta cuestiona desde la raíz, más de las veces irónico, la actual instrumentalización de la llamada Inteligencia Artificial, clara señal de una sociedad que naufraga en la superficie, y que ya el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman definía como una sociedad líquida, esto es, una sociedad volátil, de frágiles e inestables vínculos, marcada por la incertidumbre y el anonimato:
Los individuos son escrituras predecibles:
escribe en una hoja de Word la palabra Amor
y la IA te dará varias sugerencias

Un Chat Bot jamás sabrá
qué es una lluvia de lágrimas
en el quinto círculo del infierno
en el corazón medroso de Dante

(…)
Las madres de este siglo se llaman Inteligencias Artificiales
pero estas madres no pueden despertar los poderes del poema
Los hijos son libres en sus jaulas
En sus jaulas brillantes y electrónicas

Por todo lo dicho, el poeta Leyser Gonzales, asienta sus cimientos en la heredad dejada por Rimbaud y Lautreamont. Esos enormes poetas que cuestionaron en su momento la sociedad en que vivieron, y que prefirieron caminar a través de la trasgresión a contrapelo de la oscuridad y la incertidumbre.
En ese contexto, el título del poemario define muy bien su arte poética, que es precisamente los confines y reductos de una sociedad con su moral que no terminan de precisarse, y que el poeta, con valentía y coraje, denuncia con la frescura de su juventud y lirismo, y que saludo como el inicio de una voz que se rebela y revela una visión que todos debemos seguir.

Chiclayo, 12 de mayo de 2025.

(*) ERNESTO B. ZUMARÁN ALVÍTEZ: Nacido en la ciudad de Chiclayo – Perú, en el año 1969. Abogado de profesión. Perteneció al Círculo Literario “Argos”, conjuntamente con los poetas Joaquín Huamán Rinza, Luis Antonio Noblecilla Rivas y Carlos Becerra Pupuche. Ha escrito los poemarios Todavía el paraíso, Los Templos Ausentes, De prófugos y vigilias, La danza y el fuego, el Libro del Umbral, In Perpetuum, La noche y su sombra y La noche que se desvanece y otros poemas. En narrativa, ha escrito el libro de cuentos Ninguna historia que contar y la novela corta Las últimas tinieblas. Fue co-fundador de la Revista de Literatura, Ideas y Sociedad Entera Voz junto a Stanley Vega Requejo. Ha obtenido los siguientes premios: Primer puesto en la III Bienal de Poesía “ Poeta Joven de la Renom” (1995); mención Honrosa en el VIII concurso “El poeta joven del Perú” (1995); Primer Puesto en los II Juegos Florales Universitarios, otorgado por la Universidad Nacional “Pedro Ruiz Gallo” en (1995); Finalista de la XII Bienal de Poesía “Premio Copé de Poesía 2005”; Finalista del Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva”, organizado por Azafrán y Cinabrio Ediciones por el Gobierno del Estado de Aguascalientes, México, (2007); Segundo Puesto en el II Concurso Internacional de Poesía “Javier Heraud”, organizado por la Fundación Yacana (2009). Ha sido finalista del XVI Bienal Copé de Poesía en el año 2013 (Perú) y Premio Copé de Plata en poesía en el año 2017 (Perú).