CULTURALETRAS

Nostos / Ernesto Zumarán Alvítez

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ESCRIBE: Ernesto Zumarán Alvítez (*) / ILUSTRACIÓN: Roy Rorris

NOSTOS

Otra vez aquí contemplas, ¡Oh, viajero!, las antiguas delicias del viaje,
el viejo olivo en tu mente condescendiendo las mareas,
tus dos montañas ocultando su principio y su final
en las delicias de tus ojos,
la música del cielo donde la noche y su sed
no más han retornado,
el eco de los muertos en tu piel vislumbrando
ese ardor que no inquieta ya el codiciado dolor de las ciudades
donde ya no espera el tiempo su última sinfonía eterna
ni esparce el semen su muda esperanza inagotable;
el cuerpo de tu amada en el tejido ansioso
de la sangre,
buscando en el túmulo del destino
esa crucial simulación amante
que lejos de ti reverbera divinamente.

Allá lejos tu isla que el sol baña de últimos recuerdos,
los ríos escondidos del viento fulgurante,
el elegíaco galope de la aurora, los laúdes de tardes
rebosantes de larga espera,
y tú, viejo cazador de tortuosas imágenes,
buscando siempre esa melodía eterna entre las sábanas
de tu lecho muerto,
anhelando entre los crisoles de la dicha
una puerta en la oscuridad,
un largo acontecer fuera del cadalso,
los besos de la amada quebrados de ternura
en el sueño que torna el regreso una sombra todavía.

¿Eres tú mismo el que regresa de los años envuelto en
la seda de tus dones,
ardiendo tenebroso en ese fuego que ya no quema la distancia,
perfumado y eterno en el recuerdo, como una isla
que rememora sin secretos su naufragio,
pronto a enternecerte en el poema como un animal sin origen,
amado por la duda y por el gozo de esa duda,
pura travesía que ha sembrado la carne en sus redomas?
Porque aquí tú has sembrado la nostalgia,
el no reconocimiento de la pena,
las silenciosas profecías del oleaje
donde tú cantas nuevamente
las expiadas rosas de un lecho nuevo
con que el día lava la sospechosa sangre de tu alma.

¿Qué sueños las vides ocultan bajo su insólita fragancia
mientras en tus ojos el caos va aboliendo el testimonio de la estirpe,
quién busca la palabra impronunciable, el saturnino verbo
que contenga lo que prodigiosamente ha ardido
como un sola llamarada,
siendo cándidos los retornos, perversos los hallazgos,
única la nostalgia que el cuerpo extravía noche a noche,
en la errancia del amor venidero
que encuentra en el desdén de la espera
su propio semen ineluctable?

¿Es el amor el viento enredando tus cabellos
o solo es la fantasía que la carne ha encendido en tus recuerdos,
los espejismos eligiendo el vértigo feroz de los años
retenidos cruelmente en el círculo de tu sangre,
donde el día y la noche se abominan,
urgen el duelo de lo férvido y latente,
envueltos en ese plumaje amordazado
que el amor ya no reconoce
aun cuando en él se remonte lo anhelado
como un fruto que los dioses prohíben todavía?

¿Qué esperaba ella para cubrir su lecho nuevamente
de rosas que una noche amaron el cuerpo de su amado?
¿Te perturba acaso lo lejano, esa tu isla que el sueño
revela otra vez lejanamente, sin que puedas detener ya
el tortuoso afán de los veleros por redimir a ultranza tu extravío,
escapar del viejo olivo, el tejido honroso de la amada
que sufre, espera y luego olvida?
Mas ella ya no reconoce tu semblante en la tarde que fenece,
sólo tu retorno danzando sin alegría aún perfumado
por el hechizo de los años,
reza aquí su última nostalgia
donde el viejo olivo y las montañas
buscan en ti esa imagen que persiste enardecer
el beso que el remordimiento sella ensimismado
entre el cielo y la tierra
como una ceniza más
entre sus recién fraganciosas espesuras…

Mas el sueño en ti ha renunciado a sus sollozos
y todo lo abolido castamente en tus sólidos espejos
urden aquí y ahora la burda tristeza del amado abandono,
no obstante, aún el cielo vierte sus alegres verdugos en tu alma
pues sabe que el retorno a tu sangre
es posible todavía.

Es cierto, conociste los ritos del hombre
que en su corazón revelan los designios del hallazgo,
la prodigiosa lejanía que en ti
torna desapacible la violencia de tu sangre,
¿Qué hallaste lejos de tu tierra sino la vibrante esbeltez
de los años perdidos en tu propia piel,
el rudo galopar de la memoria añorando
la inconciliable vigilia que te unía noche a noche
al cuerpo de tu amada, mientras perdido entre la niebla
urdías las delicias de otro cuerpo, bañabas el tálamo implacable
con el ardor de tu recuerdo inmemorioso,
unido también a los belfos de la muerte
que ansiaban de ti un nuevo fruto del destino?

Qué hay en ti que el fuego del amor ya no estremece,
qué ha dibujado el desierto del mar en tu cuerpo otra vez estremecido,
sobre qué pira el viento ha calcinado la belleza de tus huesos,
qué hay detrás de ti que no sea la mordedura errátil de la muerte,
qué llevas en tus manos sino la sangre amanecida de tus muertos,
dónde ocultas tu memoria sino en el rumbo perdido de lo ausente.

¿Es posible el retorno todavía?
¿El mar de aguijada espuma aún tus sueños viste
de enardecidos precipicios?
¿Conocen tus ojos por fin la belleza exacta de la muerte,
la flor que esconde en su prodigiosa luz ausente?
¿Eres tú mismo quien partió un día, indemne,
hacia otras apacibles ciudades
donde creíste ver la cautelosa rendición
de tu antigua tristeza?
¿Quién eres tú, viajero de la espuma, que nos llegas
sin saber de tu retorno todavía,
y que por siempre estuvo aquí
el sabor de tu dicha irrenunciable,
la luz anunciándonos el viejo delirio del hallazgo,
el no viaje ni retorno
sino este encontrarse nuevamente en las tinieblas,
abiertos al mundo, maravillados por el amor
que nos unge desesperadamente
de olvido?

Tiempo soy te dices, y eso es lo que eres,
carne de tiempo y espacio idos,
muertos y vueltos a nacer como una forma sin límites
para gozo de la luz que regresa
contigo y ahora,
un único esplendor vacío
que ciñe sobre la isla
el fiat luz de la memoria.

Nota del Editor.- Este poema es del año 2003. Fuente: Grupo Literario «Signos»

(*) ERNESTO B. ZUMARÁN ALVÍTEZ: Nacido en la ciudad de Chiclayo – Perú, en el año 1969. Abogado de profesión. Perteneció al Círculo Literario “Argos”, conjuntamente con los poetas Joaquín Huamán Rinza, Luis Antonio Noblecilla Rivas y Carlos Becerra Pupuche. Ha escrito los poemarios Todavía el paraíso, Los Templos Ausentes, De prófugos y vigilias, La danza y el fuego, el Libro del Umbral, In Perpetuum, La noche y su sombra y La noche que se desvanece y otros poemas. En narrativa, ha escrito el libro de cuentos Ninguna historia que contar y la novela corta Las últimas tinieblas. Fue co-fundador de la Revista de Literatura, Ideas y Sociedad Entera Voz junto a Stanley Vega Requejo. Ha obtenido los siguientes premios: Primer puesto en la III Bienal de Poesía “ Poeta Joven de la Renom” (1995); mención Honrosa en el VIII concurso “El poeta joven del Perú” (1995); Primer Puesto en los II Juegos Florales Universitarios, otorgado por la Universidad Nacional “Pedro Ruiz Gallo” en (1995); Finalista de la XII Bienal de Poesía “Premio Copé de Poesía 2005”; Finalista del Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva”, organizado por Azafrán y Cinabrio Ediciones por el Gobierno del Estado de Aguascalientes, México, (2007); Segundo Puesto en el II Concurso Internacional de Poesía “Javier Heraud”, organizado por la Fundación Yacana (2009). Ha sido finalista del XVI Bienal Copé de Poesía en el año 2013 (Perú) y Premio Copé de Plata en poesía en el año 2017 (Perú).