LETRASPUNTO DE VISTA

Tres revoluciones estéticas de César Vallejo / Domingo Varas

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ESCRIBE: Domingo Varas Loli, desde Madrid (*)


César Vallejo en los abismos del sinsentido.

Trastocarlo todo, refundirlo, rearmar la tradición, poner patas arriba la retórica dominante son algunas motivaciones esenciales de la poesía de César Vallejo. Los poemas más experimentales de Vallejo cayeron en el mayor vacío entre sus contemporáneos porque trataban de romper radicalmente con los estereotipos literarios de la lengua castellana. Vallejo subvirtió a la poesía hispanoamericana de su tiempo que, según Américo Ferrari, era “raquítica y convencional, mal nutrida de preceptos y modas de las escuelas literarias europeas”.

El caso de Vallejo es ilustrativo de que la genialidad literaria no es un don sino una larga y ardua conquista en la que el escritor debe emprender el tortuoso camino de la búsqueda de su voz propia, inigualable y auténtica. Su itinerario poético está marcado por esta lucha para desechar los ecos de otras voces poéticas y alcanzar los más brillantes logros estéticos de una personalidad literaria fuera de serie.

Este tránsito de un poeta común y corriente al genio literario lo hizo en Trujillo, una aldea de cerca de veinte mil almas, que a los viajeros les parecía un convento por su ritmo de vida apacible. En este medio hostil a la rebeldía de un auténtico creador literario Vallejo defendió su vocación leyendo con furor y escribiendo casi a hurtadillas. Como si se tratara de una actividad clandestina. Su evolución está jalonada por tres etapas que fue superando entre 1914 y 1922 desde el romanticismo hasta el vanguardismo de Trilce pasando por el modernismo de Rubén Darío y compañía.

LOS INICIOS: UN SONETISTA CONSUMADO

El debut literario de Vallejo se remonta al 6 de diciembre de 1911 cuando el semanario “El minero ilustrado” publicó el poema “Soneto”. El día toca a su fin. De la cumbre/de un enorme risco baja al rebaño/pastor garrido, que con pesadumbre/ toca en su quena un yaraví de antaño./ El sol que lento cae, con su lumbre/
da un tinte de misterio y de tristeza/ a un campo de solemne soledumbre./ La aura pasa suave. La noche empieza.

Ávido de hacerse un lugar en la escena literaria nacional, Vallejo envió al mismo tiempo un soneto acróstico a la revista Variedades de Lima (“Pienso de mi ausencia en mi camino/ Ya no volver a verte cual te dejo;/ Largo es el tiempo por el que me alejo/ ¡ay! Amiga: variable es el destino«) que fue publicado en la sección «Correo Franco», en el número correspondiente al 9 de diciembre de 1911, acompañado de un comentario satírico desfavorable de Clemente Palma.

En los comienzos eran versos de un buen epígono, alguien dotado de una buena memoria y un talento capaz de mimetizarse y escribir poemas románticos de una calidad que ya le aseguraban un lugar en la escena literaria. Era un diestro versificador que dominaba el metro y la rima. Así podía escribir desde un soneto acróstico-arte mostrenco-hasta sofisticados poemas que preludiaban su fase de creador vanguardista, imbuido de un implacable magín heterodoxo.

¿Qué fue lo que influyó en Vallejo hasta el punto de impulsarlo a cuestionar su propio quehacer literario y llevarlo a emprender el camino sin retorno de la creatividad y la originalidad? En esta aldea surgió un puñado de jóvenes que aburridos de las insulsas y mediocres clases universitarias se reunían a leer a Darío, Baudelaire, Rimbaud, entre otros poetas de talla universal. La amistad con estos intelectuales y artistas en ciernes, entre ellos sobre todo Antenor Orrego fue crucial para la evolución poética de Vallejo. Orrego le dijo unas palabras que alumbraron su camino y que se pueden resumir en la frase “Busca tu voz interior”.

“Veo la posibilidad de un poeta extraordinario, pero, a condición de que te esfuerces por alcanzar la fuente más auténtica de tu espíritu. Luego, debes expresar lo que allí encuentres con tu propio y más genuino estilo personal, porque traes algo que es absolutamente nuevo”.

Este sencillo consejo funcionó como un detonante de la libertad creadora de Vallejo que este tuvo presente cuando escribió Trilce y se asomó a los abismos del sinsentido.

EL FIAT LUX

Durante sus vacaciones universitarias del año 1915, Vallejo escribió un conjunto de poemas que marcarían un parteaguas en su evolución literaria. Orrego los leyó con la meticulosidad de un crítico literario y escogió el poema «Aldeana» que publicó el 1 de enero de 1916 en La Reforma de Trujillo, acompañado de un comentario laudatorio:

Esta poesía es una revelación y una promesa. Cuando la leímos el alma vibró en una cálida exaltación de entusiasmos. En medio de la arrastrada ramplonería de nuestro ambiente vulgar una valiente audacia juvenil, una breve gotita de luz, saben a gloria. Hay aciertos como aquello de «el aire derrama la fragancia rural de sus angustias» que demuestran seguro talento de expresión.

El poema se publicó en el semanario Balnearios de Barranco, en Lima, el 9 de enero de 1916 y se reprodujo en el diario El Liberal de Bogotá, Colombia, el 6 de febrero del mismo año.

Orrego nos cuenta que a finales de enero recibió una carta de Vallejo, fechada en Santiago de Chuco, en donde le expresa:
No puedes imaginar el efecto prolífico, la resonancia creadora que ha tenido en mi espíritu nuestra última entrevista. Tus palabras han sido como un fiat lux que arrancaran del abismo algo que se debatía oscuramente en mi ser y que pugnaba por nacer y alcanzar la vida.Ahora ya sé lo que soy sin poderlo expresar; sin embargo, se han desvanecido todas mis vacilaciones y marcharé seguro de mí mismo contra todas las negaciones, «contra todas las contras».

ALDEANA

Lejana vibración de esquilas mustias / En el aire derrama / La fragancia rural de sus angustias. / En el patio silente / Sangra su despedida el sol poniente. / ¡El ámbar otoñal del panorama / Toma un frío matiz de gris doliente! / Al portón de la casa, / Que el tiempo con sus garras torna ojosa, / Asoma silenciosa / Y al establo cercano luego pasa / La silueta calmosa / De un buey color de oro, / ¡Que añora con sus bíblicas pupilas, / Oyendo la oración de las esquilas, / Su edad viril de toro! / Al muro de la huerta, / Aleteando la pena de su canto. / Salta un gallo gentil y, en triste alerta, / Cual dos gotas de llanto… 

Tres años transcurren entre Los Heraldos Negros y la publicación de Trilce. En este lapso Vallejo quema sus naves, rompe con una

tradición literaria que ya en su primer libro el poeta sentía como un peso intolerable, Trilce es una vía de investigación pero también un callejón sin salida. Sediento de libertad, Vallejo rompe las cadenas del lenguaje «literario», se niega a hacer concesiones a los procedimientos de la versificación, a la estética formal.

César Vallejo no nació genio. Su genialidad literaria fue producto de un arduo proceso en el que supo no quemar etapas y seguir una evolución poética que se hacía cada vez más radical y fidedigna a sus necesidades expresivas. Transitó por diversos caminos, su formación autodidacta lo llevó a experimentar con diversas estéticas desde el romanticismo hasta las vanguardias que en su caso no fueron modas literarias sino una experiencia vívida del espíritu de su tiempo.

(*) Domingo Varas Loli. Abogado, docente universitario y periodista. Actualmente reside en Madrid (España). En su larga trayectoria como periodista cultural ha publicado sus artículos en el diario La Industria de Trujillo, el suplemento cultural «Lundero», el diario digital el Lider y actualmente en #RíoHablador. Es autor de los libros «César Vallejo, corresponsal de prensa» (2017), «Retrato de una estirpe» (2022) y «La polifonía en la guerra del fin del mundo» (2019), en torno a la novela de Mario Vargas Llosa.

DOMINGO VARAS EN RÍO HABLADOR

Ver aquí: https://elriohablador.wordpress.com/category/domingo-varas-loli/

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