CULTURALITERATURA

Una noche entre los árboles [Entre el Piamonte y el mar] / Ernesto Zumarán

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ESCRIBE: Ernesto Zumarán Alvítez (*) / ILUSTRACIÓN: Yehan Wang.

Mi hermano, Cósimo Piovasco de Rondó, el habitante de lo alto de los árboles,
ha muerto.
La juventud es como un suave destello que se extingue sin saberlo.
Es como una noche que nunca termina de acezar su inmenso fuego.
Quizá todo es cenizas desde el principio. Nunca sabremos si nuestros actos
que alguna vez parecieron el hondo sonido de una coartada o el arranque de una
inerte pesadumbre, lograrán vislumbrar las puertas que a veces contemplamos
desde un cielo despejado o desde un antiguo sueño.

Como un poeta creía en la sombra del silencio y en la astuta distancia.
Se alejó de los hombres solo para reconocer en ellos sus mutaciones más
profundas, tal vez el polvo o la visión del polvo tan parecido
a los sueños.
¿Por qué no fui yo como él? ¿Por qué aquel día en que subió a los árboles para
Nunca más descender a tierra, no seguí sus pasos?
En alguna ocasión, mi hermano habló de una niña rubia que él llamaba
la niña del columpio. Sinforosa a veces la llamaba. Ella cabalgaba un caballito
Blanco, e iba y venía con su vestidito azul entre el Piamonte y el mar.
Pero un día ella partió.
Desde una alta higuera, él soñaba que la niña rubia volvía desde
el otro lado del mar.
Los olmos nunca volvieron a ser los mismos. Los largos atardeceres tampoco.
Desde entonces no volví a ver un hombre más triste y solitario que mi hermano.
Cuántas veces, desde la terraza de un anochecer cualquiera,
lo veía saltar desesperadamente de un árbol a otro buscando en sí mismo
la amargura del amor no encontrado, su corazón temblando de soledad
frente a una sombra de agua.

Hay días en que vuelvo a ver a mi hermano corriendo a través de la playa,
ya descendido de los árboles, espoleado por la ausencia de ese amor huido,
junto a la sombra apacible de un caballito blanco.
A veces también sueño que nada ha sucedido, que todo sigue igual:
La locura del barón adormecida, los años pasan dentro de un margen que nadie
siente ni presiente, las altas higueras y las irreprochables encinas,
los largos atardeceres y los incordios de un mundo que la sombra y la noche
ocultan creyendo así deshacer lo amado.

Hay noches en que veo a mi hermano desde sus doce años trepar sicómoros,
higueras y olivares; contemplar el sol mientras el mar arde en un único vórtice de
miedo y esplendor.
Él sabe que más allá Ombrosa ya no existe.
Yo sé que hay algunos que logran transformar sus vidas en un corto sueño.
Sé también que Cósimo, mi hermano que habitó en lo alto de los árboles,
no ha desaparecido: De vez en cuando me acerco a la ventana y veo deslumbrado las
últimas hojas que ya están muy cerca del cielo.
Sé que es él lleno de enjambres y arboledas, desplazándose aún niño entre piedras que
también tienen su misma edad y ensueño.
Ya no habita el infierno de los vivos. Ha encontrado ese lugar donde por fin
El infierno no es infierno sino una gruta suspendida entre un obstinado atardecer y
un sosegado paraíso, en cuyo íntimo recinto yo aprendo todavía a durar
y a darle espacio.

Nota.- Del libro «La noche que se desvanece y otros poemas» de Ernesto Zumarán. Según el autor, este poema está inspirado en la novela «El barón rampante» de Ítalo Calvino.

(*) ERNESTO B. ZUMARÁN ALVÍTEZ (Chiclayo – Perú, 1969). Abogado de profesión. Perteneció al Círculo Literario “Argos”, conjuntamente con los poetas Joaquín Huamán Rinza, Luis Antonio Noblecilla Rivas y Carlos Becerra Pupuche. Ha escrito los poemarios Todavía el paraíso, Los Templos Ausentes, De prófugos y vigilias, La danza y el fuego, El libro del umbral, In Perpetuum, La noche y su sombra y La noche que se desvanece y otros poemas. En narrativa, ha escrito el libro de cuentos Ninguna historia que contar y la novela corta Las últimas tinieblas. Fue co-fundador de la Revista de Literatura, Ideas y Sociedad Entera Voz. Ha obtenido los siguientes premios: Primer puesto en la III Bienal de Poesía “ Poeta Joven de la Renom” (1995); mención Honrosa en el VIII concurso “El poeta joven del Perú” (1995); Primer Puesto en los II Juegos Florales Universitarios, otorgado por la Universidad Nacional “Pedro Ruiz Gallo” en (1995); Finalista de la XII Bienal de Poesía “Premio Copé de Poesía 2005”; Finalista del Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva”, organizado por Azafrán y Cinabrio Ediciones por el Gobierno del Estado de Aguascalientes, México, (2007); Segundo Puesto en el II Concurso Internacional de Poesía “Javier Heraud”, organizado por la Fundación Yacana (2009). Ha sido finalista del XVI Bienal Copé de Poesía en el año 2013 (Perú) y Premio Copé de Plata en poesía en el año 2017 (Perú).