CRÓNICAS

Los Prisioneros y mi difuminada rebeldía / Ricardo Musse

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ESCRIBE: Ricardo Musse Carrasco (*)

Fui rebelde porque los latidos en la adolescencia se musicalizan con los ritmos desaforados de la ciudad. Transité avenidas urbanas por donde circuló la enardecida sangre de las pasiones. Los transeúntes extendían las difuminadas sombras que, al atardecer, iluminaban la agonía de los crepúsculos. La noche irrumpía atolondrada para inmiscuirse, perturbablemente intacta, en nuestros violentos corazones.

Siempre evoqué el edificio -era de seis pisos- en cuya enigmática azotea no llegué siquiera husmear sus inaccesibles bordes oscuros. Trasponerla le concernía, supongo, a los fantasmas que me habitaban las madrugadas, porque hasta ahora, en mi ermitaña adultez, mis miedosas pesadillas me sobresaltan el desvelo.

Pero mi rebeldía se exacerbó rockeramente con las insubordinadas canciones de Los Prisioneros. Mi poesía que advendría se adhirió a sus letras iconoclastas. Los versos se ataviaban de metáforas flamígeras y los fuegos que engendraban las devastadoras palabras resplandecían las inalcanzables quimeras.

La voz de Jorge González que prorrumpía desmitificaciones era la versión contestataria de nuestras malcriadeces que consistían saltar la alambrada opresiva de casa, atajar ilusamente el potente disparo de la derrota, trompearse, a puño limpio, rodeado por los exangües atardeceres, con el que había arrebatado el lozano sexo de mi inexistente musa.

La guitarra de Claudio Narea que acompasaba el frenesí de nuestro lacerado corazón adolescente presagió la rítmica de nuestra enfervorizada melancolía que sigue transmutándose todavía en acordes de poesía. Mientras las vehementes percusiones de Miguel Tapia no eran más que el retumbar sonoro de nuestras ingenuas utopías de adolescentes.

Han transcurrido los años y la rebeldía de antaño se ha difuminado definitivamente y solo se asoma cuando -como ahora- se me antoja evocar mis años adolescentes al unísono con las inolvidables canciones de Los Prisioneros.

Sullana, 10 de octubre de 2026.

(*) Ricardo Santiago Musse Carrasco (El Callao, 1971) es Licenciado en Pedagogía y Derecho, Magíster en Psicología Educativa, escritor, poeta y periodista cultural. Actualmente es subdirector de la I.E. INIF48. Es columnista del diario «Tribuna» (Sullana) y Río_Hablador (Lima). Ha publicado los siguientes poemarios: “Sirodima” (1990), “Cinematografía de una adolescencia” (2006), “El espíritu giratorio del viento” (2006), “Eternidad” (2008), “Apostasías” (2009), “El viento de las heridas” (2011), “Música” (2011), “Lumbres primordiales” (2012), “Homo” (2012), “La voz insular” (2012) y “Lagrimas” (2013) y los ensayos “Poética piurana de las postrimerías: sus pulsiones seculares y sus rasgos divergentes” (2009) y «El porqué de los hipocorísticos Paco» al alimón con la profesora Diana Consuelo García Aguilar (2021). Además ha publicado «Crónicas anómalas» y «Raros peinados nuevos» y (2025), selección de sus textos periodísticos. Su biografía ha sido incluida en la enciclopedia virtual Wikipedia (ver aquí).