Mi madre y mi padre / Ricardo Musse Carrasco
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ESCRIBE: Ricardo Musse Carrasco (*)
Compartimos en Río Hablador este homenaje literario del poeta a su madre Alicia Carrasco Lazo (+) y a su padre Fermín Ruperto Musse Elliott (+)
MI MAMÁ, ALICIA CARRASCO LAZO
Su nombre –y el único, además- es Alicia, como la del País de las Maravillas. Es la mayor de tres hermanas (una ya fallecida que se diluyó, para siempre, dentro de la metafísica palpitación de la nostalgia, y las otras dos, cuestionadas por un catolicismo que no pueden, por sus dubitativas conductas, practicar a plenitud) y un hermano más hermético que una caja fuerte.
Sullanera de pura cepa, vivió por más de dos décadas en Lima. Le dicen la Correcaminos porque anda de aquí para allá, sin parar para que no la atrape, en el momento menos esperado, el vengativo Coyote de los achaques, con las canas y las arrugas extendiéndose a lo largo de su agitada y no tan suertuda existencia; aunque ha podido, hasta ahora, librarse de las contundencias irrevocables de la muerte. Pues, ella aún tiene razones para corretear, sin descanso, hacia los revitalizadores oasis de sus nietos y nietas que tanto la reclaman y que tanto la hacen moverse para que, cobijándose dentro de sus raudos latidos, siga frecuentándoles sus ensoñaciones primordiales.
Ella volcó desde que amanecimos, níveos y frágiles, en medio de este odiante mundo, sobre las bisoñas y pueriles mentes, una fortaleza axiológica que, hasta el día de hoy, por lo menos en mí, no me permite que me tuerza amoralmente hacia pervertidas sendas que me harían, contradictoriamente, la detestable encarnación de todo lo que actualmente critico. Empero, he podido, no sin descomunal esfuerzo, sortear esos empecinamientos de la reinante maldad; pues, lo que una madre entrañable vierte en los recintos ontológicos de los hijos, con el tiempo, llega a desbordarse en la agradecida perpetuidad de nuestras perfectibles conductas.
Si fuera impostergable abstraer, en estos momentos, un valor maternal que me haya marcado de por vida, ése sería, definitivamente, la fidelidad. Ella nunca se asqueó a sí misma traicionando el deslustrado corazón de papá; como ahora toda una sarta de mujeres lo hace como si fuera esto la sublime vindicación feminista tan ansiada por centurias.
A ella, su familia de sangre, no le ha dado el lugar que le corresponde y merece por derecho propio. Parece que se olvidan que ella es la primogénita. Por ejemplo, cuando el abuelo Lucho cumplió 90 años (onomástico postrero, al cual no me invitaron), no se le dio la oportunidad de dar las palabras de congratulación por los años vividos por su progenitor. Le hurtaron, de modo mezquino, ese privilegio que no creo que vuelva a repetirse en los rutinarios ciclos familiares. Porque no tenía nada que ver que no estuviera preparada como pretenden justificarse algunos desubicados, y porque sólo haya llegado hasta tercero de secundaria. ¡No!. Lo que sucedió, realmente, es que como mi madre nunca ha tenido el influjo económico para visibilizarse la ningunearon a la mala.
En fin, ella sigue siendo tan de buen corazón que eso, como en otras incontables ocasiones, ya lo ha pasado por alto, y estoy seguro que ni bien arribe de Estados Unidos, irá a visitar, con su perfil bajo de siempre, a su querida familia de sangre.
MI PAPÁ, FERMIN RUPERTO MUSSE ELLIOTT
Antes que el que me engendrara fuera obrero administrativo en el Concejo, laboró en la neblinosa Lima, por muchos años, como vigilante. Luego, por no tanto tiempo, ejerció el asiduo y lisonjero oficio de mozo aquí en la comercial Sullana.
Nació en 1944 en Mala, un incognoscible lugarcillo ubicado al sur de Lima. Por línea materna, por los ancestros de mi abuela, corre, por sus venas, sangre inglesa, y por línea paterna, por los ancestros de mi abuelo, discurren sangre china y apócrifa sangre italiana.
Con razón mi primogénito, al cual le adscribí la identidad de un sacerdote levita pensando, cándidamente, que iba a estar siempre amurallado por fuerzas divinas; pero que, con el aturdidor paso del tiempo, se ha demostrado que los dioses trinitarios no están para ocuparse de cuestiones meramente nominales; es un bellísimo niño, de intangibles cejas áureas y suave cabello angelical, de finos rasgos faciales y una sonrisa que, aunque trizada por una perdurable morriña, hermosea la circundante fealdad que gentes despreciables han hecho latir, de manera malévola, hacia sus rubios latidos.
Él, al tener una relación físicamente próxima con mis tres hijos, les alumbra la existencia, amontonándoles, sobre sus entenebrecidos corazones, multicolores caramelos, galletas dulcificadas, relucientes mangos, coloridas gaseosas y demás cosas; y, en este sentido, se demuestra a sí mismo estar a la altura de las chochas circunstancias de abuelo que, no obstante, de manera severa, consiente a los que proceden de su híbrida genealogía.
Y es por eso que estas dadivosas palabras que le tributo son para reivindicarlo. Ya para qué insistir en la misma cantaleta, que mucha gente resume aseverando que marcó, de manera determinante, nuestras vidas. Pues, lo que quiero resaltar ahora, es que, a pesar que mi circunspecto progenitor, y eso a mí me consta, se ha esforzado, por demasiado tiempo ya, por resarcirse de su pasado, la familia prefiere relacionarse con él sólo de lejitos, nada de intimar ni visitarlo en su cercana estancia, ni, mucho menos, cometer la burrada de invitarlo a sus selectivas fiestas, ni a sus elitistas reuniones. Es lamentable que, después de muchos años, no hayan pasado todavía la página, ya que todos la tenemos, pero bien llena, que hemos tenido que borronear innumerables malas conductas que han configurado, nos guste o no, nuestras pretéritas edades.
Por eso, como me dijiste hace poco cuando fui, con el Aarón, a la casa donde vives, no tiene por qué remorderte a ti la conciencia, sino a aquellos que no han tenido, como yo, la grandeza de comprender los ahora redimidos errores de tu insepulto pasado.
29 de enero de 2011.
Ricardo Santiago Musse Carrasco (El Callao, 1971) es Licenciado en Pedagogía y Derecho, Magíster en Psicología Educativa, escritor, poeta y periodista cultural. Actualmente es subdirector de la I.E. INIF48. Es columnista del diario «Tribuna» (Sullana) y Río_Hablador (Lima). Ha publicado los siguientes poemarios: “Sirodima” (1990), “Cinematografía de una adolescencia” (2006), “El espíritu giratorio del viento” (2006), “Eternidad” (2008), “Apostasías” (2009), “El viento de las heridas” (2011), “Música” (2011), “Lumbres primordiales” (2012), “Homo” (2012), “La voz insular” (2012) y “Lagrimas” (2013) y los ensayos “Poética piurana de las postrimerías: sus pulsiones seculares y sus rasgos divergentes” (2009) y «El porqué de los hipocorísticos Paco» al alimón con la profesora Diana Consuelo García Aguilar (2021). Además ha publicado «Crónicas anómalas» y «Raros peinados nuevos» y (2025), selección de sus textos periodísticos. Su biografía ha sido incluida en la enciclopedia virtual Wikipedia (ver aquí).

