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Juan Zavala Ojeda: una poética de la rebeldía y la misericordia / Cronista digital

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Por Cronista Digital (*)

Bachiller y licenciado en Lenguaje y Literatura por la Universidad Nacional Federico Villarreal, Zavala ha desarrollado paralelamente la docencia y una intensa actividad literaria. Su trayectoria registra reconocimientos desde sus años universitarios —como el segundo lugar en los Juegos Florales de 2012— y una presencia creciente en escenarios internacionales: fue finalista de un concurso de cuentos en homenaje a Julio Ramón Ribeyro en Colombia (2022), del certamen Avant Ciudad de Ceuta (España, 2023), además de publicar en revistas literarias de México y España y participar en un certamen de ensayo político organizado en Nuevo León, México.

Toda esa experiencia desemboca en Piedades infernales (Ed. Atenhea, 2026), un poemario que asume el riesgo de mirar de frente el sufrimiento humano sin maquillarlo ni convertirlo en espectáculo.

Zavala pertenece a una generación que escribe desde la experiencia de una ciudad convulsa, atravesada por las desigualdades, la violencia cotidiana, la indiferencia y la sobreexposición tecnológica. Sin embargo, su poesía rehúye el discurso complaciente. Prefiere internarse en los márgenes donde conviven los olvidados, los trabajadores anónimos, los estudiantes, las meretrices, los jubilados, los enfermos y todos aquellos que la sociedad suele volver invisibles.

«Piedades infernales» (Atenhea, 2026), poemario de Juan Zavala Ojeda.

El propio título del libro resume esa tensión. Piedades infernales reúne dos conceptos aparentemente incompatibles: la misericordia y el infierno. Esa paradoja recorre cada uno de sus poemas, donde la ternura aparece en medio de la devastación y la esperanza sobrevive entre los escombros del desencanto.

El título resume la tensión que atraviesa toda la obra: la unión entre la misericordia y el infierno. Allí donde parecería imposible encontrar compasión, Zavala descubre todavía una posibilidad de redención. Sus poemas recorren las calles donde sobreviven los marginados, los trabajadores, los estudiantes, los ancianos, las prostitutas, los enfermos y quienes cargan con el peso de la exclusión social. Son personajes que no aparecen como simples víctimas, sino como depositarios de una dignidad silenciosa.

En esa propuesta convergen varias tradiciones. Resulta evidente el diálogo con los llamados poètes maudits franceses, particularmente Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y el conde de Lautréamont, así como con la intensidad confesional de Charles Bukowski. Sin embargo, Zavala evita el mimetismo. Su poesía traslada ese legado al Perú urbano contemporáneo, donde la alienación ya no proviene únicamente de la gran ciudad, sino también de las redes sociales, la cultura del consumo y la pérdida de vínculos humanos.

Entrevista completa al poeta en el canal oficial de Río Hablador de YouTube

Uno de los poemas más representativos del libro, «I am resurrection», sintetiza esa búsqueda. La voz poética observa una sociedad dominada por la superficialidad tecnológica, el acoso, la indiferencia y la soledad, para luego proclamar una resurrección destinada precisamente a quienes han sido excluidos: los suicidas, los enfermos, los pobres, los acosados y todos aquellos que no encuentran un lugar en el mundo. La resurrección deja de ser un acontecimiento exclusivamente religioso para convertirse en un acto de resistencia colectiva y de solidaridad humana.

«I am resurrection» es un poema que adopta como punto de partida una conocida expresión del imaginario cristiano para resignificarla desde una perspectiva profundamente humana. Allí la resurrección no ocurre después de la muerte, sino en la capacidad de resistir la humillación, el abandono y la violencia cotidiana. La voz poética observa una sociedad absorbida por la superficialidad tecnológica, denuncia el acoso, la soledad y la indiferencia, pero termina proclamando una resurrección destinada a quienes han sido excluidos: los suicidas, los pobres, los enfermos, las víctimas del abuso y todos aquellos que no encuentran un lugar en un mundo absurdo. Más que un manifiesto religioso, el poema construye una liturgia de la solidaridad nacida desde la marginalidad.

En esa propuesta confluyen también referencias al rock, al punk y a la contracultura, elementos que enriquecen una escritura donde la rebeldía adquiere un valor ético. No es casual que Zavala mantenga una cercanía con los espacios underground limeños: esa experiencia vital se transforma en materia poética y dota a sus versos de una autenticidad poco frecuente.

Ese empleo de la simbología cristiana constituye uno de los aspectos más originales del libro. Cristo, Satanás, la Biblia, el sacrificio, el infierno y la misericordia aparecen despojados de su función doctrinal para convertirse en metáforas de los conflictos contemporáneos. La blasfemia no busca destruir la fe, sino cuestionar los dogmas cuando estos se alejan del sufrimiento real de las personas.

El lenguaje del autor alterna imágenes de gran intensidad con una oralidad cercana al habla cotidiana. Sus poemas avanzan como un monólogo apasionado que interpela al lector, lo obliga a mirar aquello que normalmente prefiere ignorar y lo enfrenta a preguntas incómodas sobre la dignidad humana, la fe, la violencia y la posibilidad de seguir creyendo en el otro.

No es casual que el poeta mantenga una estrecha relación con la escena underground limeña. La presencia del rock, la contracultura y la estética subterránea además de ser referencias culturales; constituyen parte de la respiración misma de estos poemas, escritos con una intensidad que privilegia la oralidad, la imagen inesperada y el ritmo de un manifiesto.

En la contraportada del libro, Francisco Villanueva Paravicino afirma que Piedades infernales «es un viaje por las entrañas del pesimismo y la lucidez». La definición resulta acertada, aunque quizá convenga añadir un matiz: ese viaje nunca desemboca en la desesperación absoluta. Incluso en los momentos de mayor oscuridad permanece encendida una voluntad de resistencia que impide al poeta entregarse al nihilismo.

Con Piedades infernales, Juan Zavala Ojeda confirma una voz singular dentro de la nueva poesía peruana. Su escritura va más allá de consolar al lector u ofrecer respuestas sencillas. Lo invita, más bien, a recorrer las zonas donde la sociedad suele apartar la mirada para descubrir que, aun entre las ruinas, la compasión sigue siendo una forma de rebeldía.

(*) Colaborador cultural de Río Hablador. Bajo este seudónimo firma textos que exploran el vínculo entre literatura, educación y tecnología, con un estilo reflexivo y cercano. Su objetivo es tender puentes entre la tradición cultural y los nuevos lenguajes de la era digital.