«Homo»: prisma de perspectivas / Por Ricardo Musse
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ESCRIBE: Ricardo Musse Carrasco (*)
Desde el primer poema se configura un enunciador que construye un discurso, al cual se le ha transferido la función de verbalizar las voces de una comunidad homoerotica.
A veces este sujeto verbal, engendra sus enunciaciones desde un nosotros (I, II, IV, VY XII), a veces desde la primera persona, ya sea en forma de confesiones dialógicas (III, IX y XXVII) o dialogando, con mayor nitidez, con un interlocutor tácito (XIX y XXIII).
Desde el principio se delimita claramente qué perspectivas modelarán la fisonomía de lo relatado.
En las confesiones se inmiscuye, junto a sentimientos y pasiones, el intento de explicarse su naturaleza (III), su filosofía de vida (IV) y gozar -dentro de las coordenadas terrenales, cuestionando los fariseísmos de la sociedad (V).
En algunos tramos del poemario, se trasunta un dialogo entre la conciencia homoerotica y el escritor (V). Encontramos, además, una voz impersonal que asume el rol enunciador que advierte, impele, fustiga, nos hace ver nuestra contradictoria realidad (VI).
Desde el poema VII emerge otra voz – de igual modo, impersonal y plural- cuyo talante es periodístico, noticiando un repudiable crimen homofóbico (XIII, XVII, XXI y XXIX).
En el poema VIII el hablante es aparentemente un homofóbico; empero, en realidad es un homosexual reprimido.
Desde el poema X -poríferos y celentéreos-, XIV -gusanos-, XV-equinodermos-, XVI -moluscos-, XVIII -insectos y mariposas-, XX -peces-, XXII -anfibios-, XXIV -aves-, y XXVIII -mamíferos-; surge una voz zoológica que, de manera alegórica, metaforiza el amor entre los amantes.
En el poema XI habla Milenka (personaje de la vida real), que no es uno de los homosexuales que se prostituye y luego es asesinado con su amigo Fernando, en el crimen homofóbico. Pues, la voz de este recién aparece en el poema XXV, cuyo apellido es Zapata y, por lo tanto, firmaba sus diletantes como Zapatista.
En el poema XXVI aparece en escena el principal asesino de los homosexuales que se comercializan sus cuerpos, trasluciéndonos el porqué de su acción homicida.
Y, por último, el poema concluyente (XXX), convoca otras perspectivas para que colmen el mundo con más confesiones para que la tolerancia se siga arraigando en el estereotipado imaginario colectivo de nuestra sociedad.
Sullana, 17 de enero de 2013.

POEMAS DE «HOMO» / POR RICARDO MUSSE
I
Por ahora no importan nuestros nombres,
lo que cuenta es acogernos a este espacio
que nos das para que nuestra voz
(porque somos una sola carne)
salga lo más auténtica que sea posible,
y propalar estas palabras (aunque soterradas
tanto tiempo) para que se rediman, a medida
que llenamos este mundo de confesiones;
pero para revelarnos no nos alcanzaría la vida,
por eso cederemos las palabras, ni bien acabemos,
a esos otros que aún siguen amándose,
avergonzándose de trasuntar sus sentimientos;
pero no se preocupen, porque, además, cuando no
encontremos las palabras pertinentes recurriremos
al que ahora transcribe estas líneas.
II
Más que la piel que nos asemeja tanto,
no el aroma que despiden nuestros cuerpos,
ni mucho menos estas trémulas flores genitales,
(aunque, a decir verdad, todo eso es también tan
/nuestro),
porque no ha nacido esto para tornarse tan efímero
como estas cenizas acumulándose con los años
para que el viento del olvido las disperse en las
carnales dimensiones de la muerte;
¡No, mi amor, no!,
es el inextinguible fuego de nuestros corazones
el que nos fundirá dentro de la fervorosa eternidad.
III
De mi padre he heredado sus ojos divinos,
verdosos y acuáticos como las algas;
pero la que enterneció esta piel que transparentas
/con el aire purificado de tu cuerpo,
y que encuentras tan intacta para asir
estos sentimientos que nos reflejamos en el
/corazón,
cual rosadas aves arrullándose para refugiarse
/del invierno;
fue mi madre la que suscitó nuestra ardorosa
/complementariedad;
entonces a quién sino a ella invocarle bendiga
nuestra relación con sus metafísicas palabras.
IV
El cielo nuestro no es celeste ni remotamente,
ni poblado de nubes que, migrando hacia procelosas
/oscuridades,
hacen naufragar torrencialmente a las solitarias aves
/de la noche,
ni mucho menos, aposento mortuorio para nuestras
/almas,
tampoco esa inmensidad que, inabarcable, agobia
/nuestros frágiles corazones;
pues sólo por ahora deseamos caminar sobre la tierra,
dejarnos por ella desgastar/
vulnerar/
humanizar/
para así, cuando la muerte quiera salirse ya de nuestros
cuerpos, quede tan solo dentro de nosotros, nuestro cielo
/inefable.
Ricardo Santiago Musse Carrasco (El Callao, 1971) es Licenciado en Pedagogía y Derecho, Magíster en Psicología Educativa, escritor, poeta y periodista cultural. Actualmente es subdirector de la I.E. INIF48. Es columnista del diario «Tribuna» (Sullana) y Río_Hablador (Lima). Ha publicado los siguientes poemarios: “Sirodima” (1990), “Cinematografía de una adolescencia” (2006), “El espíritu giratorio del viento” (2006), “Eternidad” (2008), “Apostasías” (2009), “El viento de las heridas” (2011), “Música” (2011), “Lumbres primordiales” (2012), “Homo” (2012), “La voz insular” (2012) y “Lagrimas” (2013) y los ensayos “Poética piurana de las postrimerías: sus pulsiones seculares y sus rasgos divergentes” (2009) y «El porqué de los hipocorísticos Paco» al alimón con la profesora Diana Consuelo García Aguilar (2021). Además ha publicado «Crónicas anómalas» y «Raros peinados nuevos» y (2025), selección de sus textos periodísticos. Su biografía ha sido incluida en la enciclopedia virtual Wikipedia (ver aquí).

