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Crónica de Boecio / Juan Ojeda

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ESCRIBE: Juan Ojeda (*) / ILUSTRACIÓN: Katsushika Hokusai

Ἡμεῖς δ ̓ οἷά τε φύλλα φύει πολυάνθεμος ὥρη
ἔαπος, ὅτ’ αἶψ’ αὐγῆι (σ) αὔξεται ήελίου,
τοῖσ ̓ ἴκελοι πήχυιν ἐπὶ χρόνον ἄνθεσιν ἤβης
τερπόμεθα, πρὸς θεῶν εἰδότες οὔτε κακόν
οὔτ ̓ ἀγαθον
Κῆπες δὲ παρεστήκασι μέλαιναι,
ἢ μὲν ἔχουσα τέλος γήραος αργαλέου,
ἡ δ’ ἑτέρη θανάτοιο μίνυνθα δὲ γίγνεται ήβης καρπός,
ὅσον τ’ ἐπὶ γῆν κίδναται ἠέλιος.

Nosotros, como las hojas que brotan al tiempo florido
de primavera y que cunden de súbito al sol,
igual, de la flor de la edad disfrutamos lo poco que alcanza
un palmo, sin saber nada del mal ni del bien
que guardan los dioses; las negras Keres nos cuidan, que rigen
el plazo, una de la afligida vejez
y el de la muerte, la otra; y no duran de joven los frutos
más que cuanto en la tierra derrámase el sol.

MIMNERMO (Elegeia, II, 18)

Over the sea our galleys went,
With cleaving prows in order brave,
To a speeding wind and a bounding wave,
A gallant armament:
Each bark built out of a forest-tree,
Left leafy and rough as first it grew,
And nailed all over the gaping sides,
Within and without

ROBERT BROWNING (Paracelsus, IV, 449)

Ein Ausdruck hat nur mi Strome des Lebens Bedeutung
LUDWIG WITTGENSTEIN (Gesprache mit Malcolm)

CRÓNICA DE BOECIO

He oído las voces, he oído los clamores,

absurdamente sostenidos como en una feria.

He comprendido el propósito y la argucia,

y todas las cosas hacia atrás revolviéndose.

El dolo preside en el consejo de los hombres y sólo la futilidad.

Oh el tiempo, el tiempo de morir

y sobre la tierra una ausencia de dioses.

Hurtas voces

para el día que no amarás, y cuando lo puro te anuncia

no hallas en tu paso sino un camino mondo.

Sobre el reseco musgo de ruinas se arrastra el día,

quebradizo como imposilble vuelo de crisálida.

Dioses.

Y sumergir gastados brazos en la irrealidad del camino,

chapotear entre alas rotas, gajos de luz dura,

mano de criptas que se elevan la garra humedecida de sombras.

“En un puñado de polvo juzgarás el reino,

y caminaremos sin pregunta posible que aplaque nuestro desconcierto”.

Oh, este es un tiempo de prodigios. Escarbamos

las anchas tierras con manos seguras,

y nada hay allí que nos consuele. Duras astillas

de algún viejo cráneo, sucio por los cuervos,

este horrible viento que baja de las colinas próximas,

arrastrando el hedor de los muertos, y no hay consolación.

Todo se oscurece presagiando la muerte del día, y ya no habrá

más días sobre la tierra árida, o no habremos nosotros.

¿Cómo los dioses custodian lo eterno? ¿Quiénes

oprimen con gravedad el sentido del mundo?

Dioses. Dioses. Los he visto danzar con movimientos horribles:

el viento removía el seco polvo de la Tierra Colorada,

y yo huía enloquecido, soportando las revelaciones.

Arrastrarse hasta esos maderos hundidos,

el agua del mar dejando una fetidez maldita,

y hundirse entre el agua y la arena.

«Soporta, soporta este Reino»

Oh, es el exilio.

¿Pero dónde contemplaré un Origen

que ordene este universo absurdo?

La vida desciende en medio de las cosas,

vacía y sorda, y un ojo atento

rueda a contemplar el osario del mundo

y se anuda como un viejo vicio a cada objeto improbable.

Pero ya sabemos que todo lo real es precario,

y en qué sentido.

Así, oh alma mía, abstente de indagar o abandona el camino.

¿De quién es esa torpe mano que bate, angustiada, las sombras?

Oh, escucho todavía el vano estrépito de las voces que huyen.

Así, pues, qué sabias palabras no podrán importunarnos, qué gestos

que no posean avara suficiencia en medio del Caos,

y cómo viviremos estos días sin desesperarnos, y cómo hablar

y en qué sentido.

Oh alma mía, nada queda ya sobre la tierra

que hayas odiado con cierta humillación, la dorada máscara

que repite el esplendor de aburridos gestos aprendidos, sin duda, para consolarnos

y no hay consolación.

Oh, es el exilio.

Y no obstante,

sobre nobles manuscritos convertí mis ojos al sabio ejercicio,

y allí todo era tan desolador como la misma realidad.

¿Acaso alimenta al espíritu el errante curso de los astros?

Oh, toda verdad hedía como un tiesto de ramas muertas.

Así, hemos elegido, tal vez, un lenguaje que los dioses,

ahítos ya de días, abominan con innoble desencanto.

Tierra de los dioses que el hombre habita,

y bajo el murmullo del tiempo una muerte segura.

Pero los dioses se cuidan de ser demasiado terrestres,

Y esa es nuestra futilidad.

«Entre la realidad y la irrealidad

conocerás el Reino».

Y sabemos ciertamente

Que el tiempo es menos real que los sueños, y chapoteamos

con nuestras pobres voces en un tiempo perdido.

Ahora los hombres sólo hablan una lengua falsa, ¿los escuchas?

Nada hay allí que pueda servirte, todo es como una burla

o una insidiosa pesadilla.

Ya hemos levantado sobre los días hórridos un tiempo más puro,

y no escuchamos sino las obcecadas voces de los desgarrados.

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«Arte de navegar» de Juan Ojeda, publicado en la revista Fastos. Director: Julio Aponte. https://riohablador.org.pe/publican-arte-de-navegar-de-juan-ojeda-en-la-revista-fastos/

(*) NOTA BIO-BIBLIOGRÁFICA DE JUAN OJEDA

1944: Marzo 27: Nace en el puerto de Chimbote, departamento de Ancash, al norte de Lima. Hijo de Víctor Ojeda Chávez y Josefina Ojeda Diaz, ambos naturales de Arequipa. Fue el noveno de once hermanos.

1952-1956: Estudia primaria en una escuela fiscal de Chimbote.

1957-1961: Estudios secundarios en la G.U.E. San Pedro de Chimbote.

1962: Ingresa a la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de San Marcos de Lima. Estudia paralelamente filosofía y, como alumno libre, asiste a cursos de pintura y escultura en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

1965: Obtiene la Primera Mención en el Concurso «El Poeta Joven del Perú», organizado por la revista Cuadernos Trimestrales de Poesía de Trujillo, con el seudónimo de: «Dedaluz»; presenta Elogio de los navegantes.

1967: Viaja a Colombia, Brasil, Argentina y Bolivia.

1971-72: En Ciudad de Panamá da conferencias y participa en la vida cultural.

1973: Regresa a Lima e ingresa a la Escuela Nacional de Bibliotecarios. Participa en una serie de recitales y conversatorios literarios. Se reúne con otros estudiantes en la cafetería de la Biblioteca Nacional.

1974: Es atropellado por un auto en la madrugada del 11 de noviembre, en Lima, en la cuadra 23 de la avenida Arequipa.

LIBROS PUBLICADOS

Elogio de los navegantes. Trujillo. Librería e Imprenta Moreno, 1966. (Cuadernos trimestrales de poesía, N° 37).

Ardiente sombra, homenaje al poeta Javier Heraud. Lima, Ed. Jurídica S.A., 1967. Con poesías de César Calvo, Antonio Cisneros, Arturo Corcuera, Carlos Henderson y Juan Ojeda. Incluye su poema «Ardiente sombra», que da origen al título de este homenaje.

Eleusis. Lima, 1972. (Colección poesía Gárgola 2), publica los poemas: La noche, Soliloquio, Historia rústica, Elogio de la infancia y Poética.Juan Ojeda: el signo y las palabras, Juan Mejía Baca, Lima, 1978

Arte de navegar, poemas escritos entre 1962 y 1974, Cronopia Editores, Lima, 2000

INÉDITOS

Escritura y modo de producción del texto. 7 p. Ensayo. Epístola dialéctica. Lima, 1974. Este poema fue escrito entre noviembre de 1973 y abril de 1974. Libro inédito elaborado y diagramado por el mismo autor.

La isla y otras exploraciones. Lima, 1974. Cuento inédito mecanografiado.

Fuente: Resonancias.org – En: https://www.resonancias.org/content/48/nota-biografica-y-libros-publicados-por-juan-ojeda

TOMADO DE: «Arte de navegar», Juan Ojeda. En: Revista de poesía «Fastos» N° 66, Lima (Perú), Agosto de 2024, director: Julio Aponte.