CULTURALETRAS

In perpetuum / Ernesto Zumarán Alvítez

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ESCRIBE: Ernesto Zumarán Alvítez (*) / ILUSTRACIÓN: Edvard Munch

A mi esposa.

Llegaste con una flor en las manos
Y conociste la muerte del jardín
Entre mis brazos.

1
Este es el tiempo de la purificación:
en la cumbre del monte tú sonríes para mí
e iluminas mi entendimiento.

Este es el camino que conduce a la montaña:
allí hemos de purificar
nuestros cuerpos junto al fuego
que dulcemente rememora el cantar
de nuestros labios.

En ti mis pecados lavan sus marchitas hojas
sin que la última luz que recuperan mis ojos
se vuelvan definitivamente hacia mí
y me muestren ese instante de fulgor
que la carne abandona.

2
El sol gira eternamente en la montaña,
y yo hecho de carne y hueso
beso tu sombra
para que la noche no me cubra con su canto
y pueda así arribar
a ese oscuro paraje donde tú
me esperas celosa de gozar sin mí
tu propio paraíso.

Porque en eso consiste la eternidad:
gozar del reposado cántico de la muerte
abrazados al
turbado lecho de lo efímero

Aunque escondas tu polvo enamorado
entre las frágiles columnas de humo donde respira la vida
mi muerte hallará y trocará tu duro vituperio
en este total enlazamiento que es el amarnos
sin ese reflejo áspero que el día en su última instancia
otorga a nuestros cuerpos cuando burladamente se despiden.

En el pórtico donde el sol no alumbra su eternidad
nosotros hemos sembrado este eterno dolor
que es el haber bendecido la tierra
sin el orden y costumbre con que la vida rige
sus gimientes paraísos.

Esta es nuestra libertad:
amarnos sobre el lecho que los cóncavos hados
no han podido afrentar con sus vencidos ángeles nocturnos.

Esta es nuestra libertad:
el descender a la tumba no despojados de vida
sino apiadados de un mundo
que no se atrevió copular
con la fresca santidad de nuestras sombras.

Descendamos al vórtice, mudos, cadenciosos, cotidianos
sin ese escudo de la sangre que mora en la
delicia de lo ido.

No temas al menudo olvido revestido ahora de musgo
para que tus ojos vuelvan ansiar el cruel arrepentimiento.

Un templo sacro es nuestro amor:
la meditación de un paraíso
donde es posible hallar la ventura de unos huesos
que la muerte bendice.

3
Ser un poeta mientras tú duermes:
desnudos en la sombra,
abierta la puerta del amor con su vencido desierto,
congelados los sueños en su apacible traición.

Contra tu cuerpo y el mío los sueños se estrechan
hasta gloriosamente perder sus radiantes horizontes
hacer el amor sobre hojas de lino
no es tan bello como penetrarte
entre las coronas mortuorias
de la tumba.

Buscar el aire eterno del sollozo en el día
es acecharte en el largo camino
donde la muerte siente terrible nostalgia
de tu loco orgasmo.

Toma mi mano,
y desciende,
desciende
a donde el sueño de la vida es realmente
ese lecho nupcial donde la muerte
amanece.

4
Ser un poeta mientras tú duermes
sin la más leve memoria de nuestro destino:
desnudos en la sombra
grabo estos inútiles versos,
restituidos definitivamente al Universo
donde Dios nos contempla en sus sueños.

Desnuda en la fuente de mármol
eres el sueño que el bosque
nuevamente ha perdido.

Dora la luz tu blanca tristeza: es el beso
de un indiferente paraíso que ansía su retorno
al frágil reposo de tu cuerpo.

Es antiguo el deseo como el hueso que tiembla
en el rigor de la sangre, como la caricia que tiende
su doliente ceniza en el lecho solitario del alba.

No el oro desborda mis manos
sólo esta angustia de haberte largamente contemplado
en una vieja calle vacía
donde aún danza enternecido
el deseo ardiente del muchacho aquél
que fatigó su eternidad
contemplándote.

Perder la vida a tu lado
mientras tú me besas los ojos
para que la luz de tu alma
vuele conmigo
hacia
Dios.

5
Epílogo

Ser poeta donde nadie lo es:
epitafio más dulce
que la
encarnada memoria del cielo

en tu cuerpo.

Nota.- Este poema fue publicado en el blog del grupo literario Signos en: https://grupoliterariosignos.blogspot.com/2010/03/in-perpetuum-poema-inedito-de-ernesto.html

(*) ERNESTO B. ZUMARÁN ALVÍTEZ: Nacido en la ciudad de Chiclayo – Perú, en el año 1969. Abogado de profesión. Perteneció al Círculo Literario “Argos”, conjuntamente con los poetas Joaquín Huamán Rinza, Luis Antonio Noblecilla Rivas y Carlos Becerra Pupuche. Ha escrito los poemarios Todavía el paraíso, Los Templos Ausentes, De prófugos y vigilias, La danza y el fuego, el Libro del Umbral, In Perpetuum, La noche y su sombra y La noche que se desvanece y otros poemas. En narrativa, ha escrito el libro de cuentos Ninguna historia que contar y la novela corta Las últimas tinieblas. Fue co-fundador de la Revista de Literatura, Ideas y Sociedad Entera Voz junto a Stanley Vega Requejo. Ha obtenido los siguientes premios: Primer puesto en la III Bienal de Poesía “ Poeta Joven de la Renom” (1995); mención Honrosa en el VIII concurso “El poeta joven del Perú” (1995); Primer Puesto en los II Juegos Florales Universitarios, otorgado por la Universidad Nacional “Pedro Ruiz Gallo” en (1995); Finalista de la XII Bienal de Poesía “Premio Copé de Poesía 2005”; Finalista del Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva”, organizado por Azafrán y Cinabrio Ediciones por el Gobierno del Estado de Aguascalientes, México, (2007); Segundo Puesto en el II Concurso Internacional de Poesía “Javier Heraud”, organizado por la Fundación Yacana (2009). Ha sido finalista del XVI Bienal Copé de Poesía en el año 2013 (Perú) y Premio Copé de Plata en poesía en el año 2017 (Perú).