Óscar Allain, maestro de la pintura peruana, falleció a los 103 años en Lima
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TEXTO Y FOTOGRAFÍAS: Nivardo Córdova Salinas (*)
Óscar Allain Cottera (1922 – 2025), gran exponente de la pintura peruana contemporánea, falleció en la ciudad de Lima a los 103 años de edad, dejando un extraordinario legado para la cutura de nuestro país.
El escritor Raul Allain Vega, nieto artista plástico, informó a Río Hablador el deceso del maestro en la ciudad de Lima a los 103 años de edad el día miércoles 17 de diciembre de 2025. El artista peruano Óscar Allain deja un legado importante para la cultura del Perú. Fue un pintor «peruanista» y en sus cuadros retrató escenas populares, picanterías, pescadores, jaranas criollas, floristas, ambulantes, danzantes de marinera y vals, cantores, mercados, obreros… También incursionó en la poesía.
En cuanto a su estilo pictórico, Allain siempre se definió como un pintor vinculado al «costrumbrismo», bebiendo de las fuentes del indigenismo de José Sabogal. «Él nos enseñó a querer al Perú, a ser peruanistas, y eso era peligroso en esa época…». Como artista independiente y alejado de las corrientes de la pintura abstracta que estaban en boga en su juventud, pero de las qué se mantuvo distante, siempre optó por «pintar a los peruanos». Integró el grupo 8 pintores junto con Ángel Chávez López, Aquiles Ralli, Enrique Galdos Rivas, Fernando Sovero, Gamaniel Palomino, Julio Camino Sánchez, Manuel Zapata Orihuela.

Nació en 1922 en Lima. Su padre fue el militar Guillermo Allain Soto y su madre Juanita Cottera Palomino, quien antes de casarse fue novicia en el Monasterio de Santa Clara en Barrios Altos, falleciendo muy jóven a los 22 años. A pesar de la insistencia de su padre para que postule a la Escuela Militar de Chorrillo, Óscar Allain -quien desde niño siempre mostró vocacion para el dibujo y la pintura- ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú (hoy universidad), donde uno de sus maestros fue Alejandro Gonzales Trujillo, «Apurimak».
VOCACIÓN Y CONVICCIÓN
En una entrevista para Río Hablador (ver aquí) Allain recordaba pasajes de su infancia y juventud: «De mi madre me acuerdo como en un sueño. Mi inquietud por al arte nació porque nos alumbrábamos con velas. Mi abuela agarraba esa cera blanda y hacía unos muñequitos, y me los daba para hacerme dormir. Y vino mi inquietud y comencé a hacer muñequitos, hasta que conseguí un poco de pintura, y comencé a hacer figuritas, hasta que fue muy fuerte mi afición.
«Fui creciendo, nos mudamos a Chiclayo, y en la casa mi padre se reunía con el comisario, que todos los días venía a la bodega de un español, a donde iban a abrir el apetito. Y allí llegaba el director de un periódico, Isaías Rivera (que mandaba artículos al Times), y el poeta Nicanor de la Fuente,Nixa, se reunían allí. Mi padre muchas veces conversaba sobre su hijo que era un artista, que era pintor. Y los invitaba algunas veces a almorzar. Y me hacía que yo saque mis cuadros que los pintaba en cartón y los colocaba al borde del suelo. Todos me felicitaban, me abrazaban y decían que «con el arte se nace». El que se quedó callado fue el periodista Rivera, que había estado en España e Italia. Mi padre le dijo ¿por qué te quedas callado? Y él dijo: “Te voy a decir que tu hijo no sabe nada de pintura”. Yo me metí a mi cuarto y comencé a odiar a Isaías Rivera… Pero él se refería a que yo no tenía ninguna técnica. Así que me prometí a mi mismo que iba a estudiar artes plásticas. Mi padre quería que yo fuera militar, y me envió a Lima para que yo postule a la Escuela Militar de Chorrillos. Pero yo ingresé a la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú. Y me abrazó y me dijo: “Eso es lo que tú has escogido. Dentro de lo que pueda yo voy a colaborar contigo”.
Tras graduarse en Bellas Artes, trabajó como profesor en la Escuela Superior de Bellas Artes «Víctor Morey Peña» de Iquitos y en la Universidad Nacional Hermilio Valdizán de Huánuco. También viajò a Europa y vivió una temporada en París. Y por supuesto, regresó a vivir a Chiclayó donde se casó con la dama Yolanda Santisteban Vásquez, fina cantante de música criolla.

En un artículo publicado en Rimactampu titulado «Óscar Allain: Chiclayo es una fuente inagotable de cultura» (ver aquí), hay rastros sobre su cariño a dicha ciudad norteña. «A esta ciudad lo unen muchas experiencias y recuerdos, de amigos y compadres, jaranas de guitara y cajón, conversaciones con pescadores de San José y mujeres floristas de Monsefú, que el pintor ha inmortalizado en muchas pinturas.
Confiesa que fue su esposa, chiclayana de nacimiento y cantante, quien lo unió más con la ciudad norteña, donde sembró la amistad de artistas como el centenario escritor Nicanor de la Fuente Sifuentes «Nixa», así como los poetas Ricardo Rivas Martino, Alfredo José Delgado Bravo, Max Dextre y Alfonso Tello Marchena.
Hay un hecho muy importante. En Chiclayo nació, vivió, trabajó y falleció uno de los hijos del pintor: el famoso y recordado mimo Yulo Allaín. «Mi hijito querido, era un artista grande, y también pintaba muy a su manera cosas preciosas». Iguales palabras de padre orgulloso tiene para con sus otros hijos, el fotógrafo y periodista Alfredo Allaín (+) y el cajoneador César (+), quien también realizaba incursiones en la poesía. Otra de sus anécdotas chiclayanas es que alguna vez trabajó en Radio Delcar como locutor. “Pero esa es otra historia…”, afirma.
Sabido es la gran vinculación y sensibilidad de Óscar Allain por la música criolla, y su amistad con músicos y compositores. «En Chiclayo yo vivía cerca a la avenida Siete de Enero, que ahora le dicen la “Esquina del movimiento”, pero antes era la “Esquina del hambre”, cerca a los burdeles y la picantería, pero le cambiaron de nombre porque era muy truculenta. Club del cual soy socio, y cuando voy a Chiclayo se arma una tremenda jarana. Allí vi por primera vez al gran compositor criollo ferreñafano Aberlardo Takahashi Núñez, más conocido como Abelardo Núñez, mi compadre espiritual, autor de temas clásicos del cancionero criollo como «Ansias», «Madre», «Engañada», «Embrujo», «Mal paso», las marineras «Sacachispas» y «¡Qué viva Chiclayo!». En Lima, Abelardo vivía en el jirón Arica, y yo en la calle Gremios, en el centro de Lima. Allí vivía y puso un restaurante. No sé como llegué a su casa. Nos hicimos grandes amigos. Allí han pasado todos los músicos, como Pablo Casas, y todos los días y noches. También Lorenzo Humberto Sotomayor, autor del famoso vals “Corazón”, pero no era asiduo».

Óscar Allain, a quien tuve el honor de conocer personalme, fue también un gran lector y conversador. En sus talleres ubicados en la Av. Brasil en el distrito de Jesús María y en el jirón Succha en Breña, siempre recibiò a sus amigos, colegas y también a músicos criollos, pintores, poetas y escritores, en tiempos de bohemia y en tiempos de tranquilidad. «Grandes pintores que puedo destacar son Juan Manuel Ugarte Eléspuru, Teodoro Núñez Ureta, Enrique Camino Brent, Víctor Humareda, aunque él mismo decía que su color era “sucio”, con una mezcla fuerte de colores primarios, pero poco a poco adquirió una gran técnica. Además Sérvulo Gutiérrez, gran pintor expresionista, y magnìfico alcohólico (sonríe). Siempre nos encontrábamos en el bar Negro Negro, en la plaza San Martín. Él había sido boxeador, y a mí me encanta al boxeo, también incursioné allí. Siempre conversábamos cosas interesantes, teníamos inquietudes similares. Nos emborrachábamos juntos de vez en cuando. Con Manuel Scorza coincidíamos, a él le gustaba el trago. Y con Manuel Acosta Ojeda, también fue una amistad de trago, pero un gran poeta y cantor criollo. Él se educó musicalmente mucho, en su casa se escuchaba únicamente música clásica, música seria, y musicalmente tiene cosas muy hermosas. Y además dentro de la poesía, extraordinario. Grandes compositores de música criolla que conocí personalmente: Manuel Acosta Ojeda, Luis Abelardo Núñez y Pablo Casas Padilla, los tres mis compadres espirituales, todos seguidores y con grandes influencias de Felipe Pinglo. Yo era asiduo a las peñas y jaranas, pero eso tiene sus peligros porque me aficioné mucho a la botella, hasta que un día dije suficiente, me retiro del vidrio (risas)».
(*) Nivardo Vasni Córdova Salinas es Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura (UDEP), periodista profesional y director del periódico digital Río Hablador. Actualmente realiza estudios de Maestría en Comunicaciones en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Una reseña sonre su trabajo periodístico se encuentra en la enciclopedia virtual Wikipedia (ver aquí)

