Nochebuena de juguetes de madera / Por Felipe Buendía
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ESCRIBE: Felipe Buendía del Corral (*)
Yo siempre he sospechado que el pueblo peruano, como los orientales, crea y proclama el júbilo en medio de cualquier desastre y le da la espalda a la realidad que le pintan por verdadera o demagógica que ésta sea.
¡El hogareño pan dulce ha sido trastocado por millones de balumbas de panetones publicitados, de manera que ahogan toda transacción del espíritu!…
Los juguetes electrónicos pegan cabriolas en la enclave de la ciudad corrompida. Antes, la estrechez de las calles creaba un sentimiento de intimidad.
Hoy se adora el aguinaldo, y ya no se verá más la perplejidad de un niño ante un simple trompo de latón. Se nos ha cerrado las hojas de las puertas del pasado, pero tampoco justifiquemos que estamos vivos. Al alma no se le puede ocultar nada. ¡Ya la Navidad no exalta como un hechizo!…
De niño volvía a mi casa, y los ojos de mi alma estaban abiertos con un ensueño, porque todo ofrecía un aspecto de antigua modorra. A veces, entraba a la capilla del colegio agustiniano, húmeda, tenebrosa y resonante, me enfrentaba al tabernáculo para que, en Nochebuena, pesara en la balanza mis deseos enroscados. Ya la tarde agonizaba, y el viento mecía lo toldos de Klinge y de Oeschle, armoniosa y deslumbrantemente atiborrados de juguetes. Las calles exhalaban una áurea tenuidad… ¡El cielo tenía un divino contacto con el cielo!…
Hoy no puedo abrir los cascados batientes de mi casona porque una artimaña leguleya me la quitó… ¡pero en fin!, es que Lima también ha cambiado, y los tragaperras, nintendos y casinos electrónicos ya no conjugan con la Lima de mis amores y los vuestros, que por más la repinten, perdió definitivamente su estilo de vida…
¡La Navidad ahora significa descaradamente negocio y uno al otro se venden y regatean hasta el alma!…
No obstante, guardaré en mi vetusto salón el abrigado olor de la esperanza, y estarán sentadas en los divanes desvencijados, las currutacas sombras de mis beatas tías, que juntaban todo el año monedas de cobre para regalarme la Noche del Niño Dios un camioncito de madera.
(*) Felipe Buendía del Corral. (Lima, 1927-2002). Escritor, poeta, pintor, periodista, cineasta, dramaturgo, bibliotecario, cronista de Lima. Autor de «El baúl», entre otros cuentos.

