LETRASLITERATURA

La sombra del desdichado / Ernesto Zumarán Alvítez

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ESCRIBE: Ernesto Zumarán Alvítez (*)

Dijo la sombra: «Luego llegaremos
donde el monte un recodo manifiesta,
y allí que venga el día esperaremos.»
Purgatorio, VII – Dante Alighieri, La divina comedia

– Nerval-

No es una sombra cualquiera. Es una sombra dando tumbos
arrancada para siempre de la misma eternidad.
También es una sombra desdichada. Y también la sombra desdichada
De un poeta tenebroso, de un poeta inconsolado.
No obstante, es dueña de su propia luz. Y también de su propia sombra.
La ves cada amanecer descolgándose ágilmente de las púrpuras cortinas,
acompañada de algunos pajarillos que suelen acudir
a ese impalpable llamado de la aurora.
Es una sombra que nunca podrá curar sus visiones delirantes.
Es una sombra que se yergue en medio del umbral donde al fin
reconoce el malhadado destello de sus viejos círculos y oráculos.
Y está atrapada en un sueño donde ha descubierto la desnudez
de un beso solitario.
El amanecer le ha concedido el milagro de ser un monstruo en medio
de una sola estrella. Y canta como si las puertas no se abrieran ni se cerraran.
Es una sombra que pende de su propia oscuridad.
Cómo despertar a esa sombra que finalmente es una Sombra y además
una sombra desdichada, y nadie la reconoce cuando convertida en una
simple luz gira tumultuosa en una esquina cualquiera cerca y lejos de un
último amanecer.
Pero nunca desaparece. En verdad, con las primeras luces del alba solo gira
en círculos. Va y viene colgada de ciudades y desiertos. A veces parece un
cuerpo desolado, pero las más de las veces es un cuervo tocando suavemente
una ventana con su ala herida.
Desde lejos se asemeja al amanecer diseñando una nueva gruta soñada.
Y nunca confunde a la noche con el día. Pero siempre amanece
henchida de esos dos incestuosos elementos. Siempre cree atrapar
en sus largos recorridos el apacible desdén de un tortuoso mediodía.
Es una sombra que ha tocado fondo. Y se desplaza a sabiendas de que es una
sombra desdichada, convertida a veces en un leve graznido,
en una hermosa locura arrebatada por la luz y el viento constelados:
«Yo soy el tenebroso, el viudo, el inconsolado», dice la Sombra,
«yo soy la sombra que aparece cada amanecer;
mi sola estrella brilla en mi frente sin solución de continuidad».
«Y yo soy el que desea la muerte o la nada», responde el Amanecer.

(*) ERNESTO B. ZUMARÁN ALVÍTEZ (Chiclayo – Perú, 1969). Abogado de profesión. Perteneció al Círculo Literario “Argos”, conjuntamente con los poetas Joaquín Huamán Rinza, Luis Antonio Noblecilla Rivas y Carlos Becerra Pupuche. Ha escrito los poemarios Todavía el paraíso, Los Templos Ausentes, De prófugos y vigilias, La danza y el fuego, El libro del umbral, In Perpetuum, La noche y su sombra y La noche que se desvanece y otros poemas. En narrativa, ha escrito el libro de cuentos Ninguna historia que contar y la novela corta Las últimas tinieblas. Fue co-fundador de la Revista de Literatura, Ideas y Sociedad Entera Voz. Ha obtenido los siguientes premios: Primer puesto en la III Bienal de Poesía “ Poeta Joven de la Renom” (1995); mención Honrosa en el VIII concurso “El poeta joven del Perú” (1995); Primer Puesto en los II Juegos Florales Universitarios, otorgado por la Universidad Nacional “Pedro Ruiz Gallo” en (1995); Finalista de la XII Bienal de Poesía “Premio Copé de Poesía 2005”; Finalista del Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva”, organizado por Azafrán y Cinabrio Ediciones por el Gobierno del Estado de Aguascalientes, México, (2007); Segundo Puesto en el II Concurso Internacional de Poesía “Javier Heraud”, organizado por la Fundación Yacana (2009). Ha sido finalista del XVI Bienal Copé de Poesía en el año 2013 (Perú) y Premio Copé de Plata en poesía en el año 2017 (Perú).