El singular yo poético leyseriano en «Cuerpos volátiles» de Leyser Gonzales Chumacero
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ESCRIBE: Luciano Rafael Morales Cieza (*)
Para el italiano, Humberto Eco, una de las mentes más influyentes del siglo XX en el estudio del lenguaje, la cultura y la interpretación de los textos. El “lector modelo», un lector ideal es capaz de interpretar el texto de la manera en que fue generado, completando el sentido de forma cooperativa. Algo muy difícil porque implica conocer al dedillo el pensamiento del autor lo cual podrían hacerlos en solo los círculos cercanos.
Para el influyente pensador ruso, Mijaíl Bajtín, un texto no está cerrado, existe realmente solo en el momento en que es leído y respondido, donde el lector asume una postura, pues no existe lectura neutra, el lector completa el sentido del texto, trayendo sus propias valoraciones ideológicas y sociales, construyendo el sentido final, convirtiendo al lector en un co-autor. Algo, que es más posible y que intentaremos hacer.
“Cuerpos Volátiles”, ediciones Nectandra – Trujillo, 2025. Es el tercer libro personal de Lyeser González Chumacero, Jaen 1987. Tiene 82 páginas. Esta dedicado a “las oscuras melodías del lenguaje/ crepitando en los infiernos del verso”. Tiene dos comentarios (a manera de prólogos) Uno del reconocido poeta Ernesto Zumarán Albitez y otro de Víctor Coral.
Por lo que no profundizaremos en comentar críticamente el libro, ya habrá oportunidad para ello, nuestro propósito principal, es presentarlo, invitándolos a leerlo para saborear su contenido.
La primera parte, señalada solo con número romano, es un poema de largo aliento de exactamente trescientos treinta y nueve versos libres que no tienen signos de puntuación, donde es posible, delimitando fronteras temáticas encuentro diez poemas autónomos.

Se inicia con un epígrafe del libanés Khalil Gibran, famoso autor de “El profeta”, “Del sufrimiento han emergido las almas más fuertes” que guarda relación directa con el contenido de esta parte del libro porque “el sufrimiento” que alude es la batalla del “yo poético por materializar la creación”, su compromiso por buscar autenticidad, aunque lo aceche la muerte. El “sufrimiento” alude también, al desafío de prepararse para trascender como creador, asumiendo un tipo de poesía vital, en una experiencia que desgarra.
Esto lo podemos evidenciar en las páginas 29 y 30, donde El yo poético, desde su reino de la nada, mira los infiernos que son cada una de las personas, y afirma con convicción que va a amarse…y será un privilegio consumir su existencia en ese esfuerzo que significa crear poesía, además es aquí donde Leyser, es Leyser, con su lenguaje desenfadado y rebelde, que se precia de usar el Idiotismo: …” Ser al menos una mosca …volando por el culo de los dioses” y tiene su correlato en las páginas del 36 al 39, donde nos habla de prepararse para trascender. Nos comparte las voces negras (poesía mitómana), amarilla (la poesía que va más allá de los dolores de la razón) y blanca (escribir lo necesario y con experiencia vital) que reflejan poesía de distinta naturaleza. Surgen potentes imágenes hiperrealistas “el poeta no escribe porque el diablo fuma e interpreta los lenguajes del pasado escribe porque el presente es un infierno enfermo limpiándose el ano con portadas de futuro”
También nos habla de la prevalencia de los poemas de odio sobre los de amor y donde “cambiamos la sincera caricia, por afiladas uñas infernales enfundadas en cuerpo volátiles” y, en una suerte de transmutación, señalar “ya puedo morirme/ ya no soy un bello cuerpo flotando/ encima de la copa del olvido”/ luego, convertido en sustancia, aludir a la amada “amor mío/ ya no veo tu rostro/ intuyo que tampoco ves el mío/ para finalmente hacer un pedido a la eternidad para que los junte en un solo río: “Oh eternidad/considera reunirnos en un solo río donde floten los lotos de los cielos olvidados”
En la segunda parte, de más de cuatrocientos versos libres, también señalada con número romano y sin ningún signo de puntuación, está precedida por un epígrafe del gran intelectual francés André Malraux “Si el hombre no está dispuesto a arriesgar su vida ¿Dónde está su dignidad?” donde subyace la idea de entrega, de compromiso extremo con la creación poética. Aquí, el yo poético Leyseriano, inicia como en la primera parte, cuestionando la naturaleza humana “eres el mal/en ti crecen las flores/ que la muerte presume en sus jardines, nos habla del fuego como símbolo de la muerte y elemento purificador. Se reflexiona acerca de la naturaleza de los poemas, la inútil espera de reconocimiento, ser libre, dejar los sentimentalismos y enfrentar el mundo, no desesperarse por ser leído, además de la necesidad de formación literaria del creador y de hacer lecturas trascendentes.
Una idea resaltante es el simbolismo que confiere a los colores negro, amarillo y blanco en relación al tipo de lenguaje del poema coincidiendo en este sentido con el poema de la página 36 al 39 de la primera parte.
Hay permanente interpelación al lector sobre qué le ha producido la lectura del libro, si lo ha logrado influenciar y lo invita a mirarse y a analizarse para que adopte una posición estética por lo menos.
Da una mirada crítica al internet y a quienes viven y comercian con la poesía. La poesía para el “yo poético leyseriano” es “experiencia vital” y nos participa de la descripción de alguien que gangrena su lengua por las palabras pero que no practica su discurso y solito se mete a su féretro. De lo difícil de atrapar la belleza en la brevedad. De las diversas mutaciones de los ojos. Plantea su idea de Arte poética. Desaparecer los modelos y el lenguaje aguijoneante filudo, “muérete del mundo de los mortales y dedícate a escribir lo primordial” El yo poético se rinde a la idea que “La nostalgia será nuestro infierno” …ahí pasaremos la eternidad muriendo de millones de formas/ volátiles siempre. Y luego adopta esa forma “ya no recuerdo nada…” de espectro… de sustancia.
El “yo poético leyseriano está abajo”, triste, sin la locura que los caracteriza, viendo que se aproxima la noche. Se interroga ¿¡el fin del viaje? Es cierto, De su naturaleza etérea, donde está seguro que nadie lo reconocerá, haciéndonos partícipe de esa atmósfera de vacío existencial y… y, fin de Cuerpos…
Jayanca, tierra del vino, de Llapchillulli, de Falloshuly, de Caxusoli y de Sequipo. Abril de 2026.
(*) Luciano Rafael Morales Cieza (Piura, 1970) es poeta, docente en Lengua y Literatura y gestor cultural en Jayanca. Ganó los Juegos Florales del ISP de Piura (1990) y obtuvo doble mención honorífica del INC (1992). Fue directivo y luego presidente (2014–2024) de la Casa de la Cultura de Jayanca, impulsando su reconocimiento como Punto de Cultura y la recuperación de la Biblioteca Pública Municipal. Ha publicado Loas a Jayanca (2019) y compilado Jayanca lee (2023), además de participar en recitales y antologías internacionales.Autor de letras de himnos locales y referente cultural, recibió la Medalla de la Ciudad de Jayanca en 2024.

