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El legado lírico de Cerati / Por Ricardo Musse Carrasco

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ESCRIBE: Ricardo Musse Carrasco, Solista verbal (*) / ILUSTRACIÓN: Carlos Vásquez

A Cerati lo escuché cuando mi adolescencia era callejeramente salsera. De los empolvados parlantes que flanqueaban los márgenes desbordantes de la cancha enfrente del callejón, las canciones dotaban a mis atajadas de un ritmo vibrante que desviaba la pelota hacia el córner para que los vítores repercutan -con extrema intensidad- en los épicos latidos de mi corazón.

Héctor Lavoe era el cantante de los cantantes de nuestras nostalgias, Willie Colón resonaba el trombón bronquero del barrio y Frankie Ruiz infundía la romántica melodía que nos esmerábamos ocultar vanamente cuando nos topábamos intempestivamente con nuestra espumosa musa del puerto.

Mi tiempo entrevió la existencia ya sea, por las tardes multitudinarias, jugando y atiborrado de victorias para siquiera amainar las derrotas familiares y dormitar, acunado de oscuridades, para sobrevivir a los abandonos ineludibles de las nocturnidades; y, por las lecturas imposibles que, en una insospechada fecha -no la recuerdo exactamente porque la adolescencia reposa congénitamente en lo neblinoso-, me arrimó a los recodos de los ensimismamientos.

En la casa, sobre un armario apolillado, la radio, al mediodía -era sábado-, lanzó una canción de Soda Stereo. La voz del vocalista, jolgoriosa en ese momento, junto a Zeta Bosio y Charly Alberti, responde al nombre de Gustavo Cerati. Pero fue en la subsiguiente que se propaló la que me avizoró una lírica que inicié entonar en los versos, ya no contundentemente esféricos, sino, más bien, suavemente alegóricos que acaecerían cuando la poesía -de modo predestinado- me confine, por fin, en las solistas melodías de la eternidad.

Aposento tallán, viernes santo 03 de abril de 2026.

(*) Ricardo Santiago Musse Carrasco es Licenciado en Pedagogía y Derecho, Magíster en Psicología Educativa, escritor, poeta y periodista cultural. Es columnista del diario «Tribuna» (Sullana) y Río_Hablador (Lima). Ha publicado los siguientes poemarios: “Sirodima” (1990), “Cinematografía de una adolescencia” (2006), “El espíritu giratorio del viento” (2006), “Eternidad” (2008), “Apostasías” (2009), “El viento de las heridas” (2011), “Música” (2011), “Lumbres primordiales” (2012), “Homo” (2012), “La voz insular” (2012) y “Lagrimas” (2013) y los ensayos “Poética piurana de las postrimerías: sus pulsiones seculares y sus rasgos divergentes” (2009) y «El porqué de los hipocorísticos Paco» al alimón con la profesora Diana Consuelo García Aguilar (2021). Recientemete publicó «Crónicas anómalas» (2025). Su biografía ha sido incluida en la enciclopedia virtual Wikipedia en: https://en.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Musse_Carrasco