«Dos Cristos» de Cronwell Jara: Los infiernos de mugre y esteras de los cerros periféricos / Ricardo Musse
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ESCRIBE: Ricardo Musse Carrasco, Hurgador verbal (*)
Cronwell Jara Jiménez en el cuento rotulado “Dos Cristos”, la voz ficcional que prepondera es la de un niño procedente de las periferias urbanas. El es el nieto del Cristo ataviado con las indumentarias de la precariedad social. Lo acompaña partiendo del centrífugo cerro donde se aposenta su cuchitril para arribar a la contrastante metrópoli capitalina.
La voz primigenia, durante su desborde verbal, se permeabiliza a ratos y deja ingresar a sus recodos enunciativos, el peculiar hablar de los protagonistas; entrometiéndose, además, multitudinarias palabras provenientes de los contextos escriturales.
El nieto -la voz relatora- no tiene identidad. Es innominado. El abuelo responde al nombre de Tarcilio. Los dos deben transitar todo un recorrido burlesco, especie de Vía Dolorosa, para arribar a un alegórico Gólgota, la Plaza Mayor.
Allí en la Plaza Mayor, por la performance de asumirse un Mesías marginalizado, Tarcilio demanda, exhibiendo el tarro de pintura dado por la mamá Tere, le recompensen con las urgentes monedas alimenticias.
La atmósfera discursiva que cobija al nieto innominado, al senil Tarcilio, a la mamá Tere, a los chupos chico y grande -enemigos escolares-, al Tronco Seco -el otro oponente colegial., a la directora Celia Ordoñez, al profesor músico, al radiotécnico y al judío Pepe -tacaños empedernidos-, a la gente devota, a los turistas y a los microbuseros, está volatilizada por una tremebunda y descarnada emanación que todo lo invade, hasta las entrañas intangibles de la humanidad.

Una de las características que, no obstante, nuestra instintiva repulsión, nos atrae y nos hace permanecer situados en el universo ficcionado, es el hedor discursivo que exhala el contenido del cuento: muladar, podrido, pútrido, mosquerío, mugre, fétidos, avinagrado, rancio, plaga, mocos, cochinos, apestosos, sarro, haraposos, tóxicos, desagüe, muelas renegridas y picadas, entre otras.
En el desenlace del cuento, emerge otro Cristo llamado Clemente Candela, alias Agamenón. Entonces fue inevitable la contienda por el territorio sagrado de las monedas de la sobrevivencia, ensuciándose la representación inmaculada de los Cristos del alma. Al final prevalece nuestra procedencia de los infiernos de mugre y esteras de los cerros que aún ornamentan, crucificadamente, a nuestro irredimible país.
Sullana, lunes 8 de diciembre de 2025.
(*) Ricardo Santiago Musse Carrasco es Licenciado en Pedagogía y Derecho, Magíster en Psicología Educativa, escritor, poeta y periodista cultural. Actualmente es subdirector de la I.E. INIF48. Es columnista del diario «Tribuna» (Sullana) y Río_Hablador (Lima). Ha publicado los siguientes poemarios: “Sirodima” (1990), “Cinematografía de una adolescencia” (2006), “El espíritu giratorio del viento” (2006), “Eternidad” (2008), “Apostasías” (2009), “El viento de las heridas” (2011), “Música” (2011), “Lumbres primordiales” (2012), “Homo” (2012), “La voz insular” (2012) y “Lagrimas” (2013) y los ensayos “Poética
piurana de las postrimerías: sus pulsiones seculares y sus rasgos divergentes” (2009) y «El porqué de los hipocorísticos Paco» al alimón con la profesora Diana Consuelo García Aguilar (2021). Además ha publicado «Crónicas anómalas» (2025), selección de sus textos periodísticos. Su biografía ha sido incluida en la enciclopedia virtual Wikipedia (ver aquí).

