ChatGPT en el periodismo y en la universidad: ¿enemigo o aliado del conocimiento? / Nivardo Córdova
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ESCRIBE: Nivardo Córdova Salinas (*) / ILUSTRACIÓN: ChatGPT
En la actualidad se ha generado todo un debate en torno al uso de la inteligencia artificial en el periodismo escrito y también en la investigación académica en las universidades. Sin duda, la IA resulta una herramienta muy útil, siempre y cuando haya un uso ético y responsable, y que signifique potenciar nuestra forma de reflexionar, investigar, ordenar ideas, escribir, corregir, analizar, comprendiendo bien las fronteras entre la inteligencia humana y la artificial, que opino no se oponen sino que pueden ser complementarias.
El conocimiento es inabarcable, infinito, inconmensurable, y por eso herramientas como la inteligencia artificial no sustituyen la reflexión humana, sino que la potencian. ChatGPT, bien usado, es un instrumento para seguir desarrollando conocimiento, como en su momento lo fue la imprenta, el índice alfabético, la enciclopedia, o el hipertexto.
Tengo muy claro que la herramienta ChatGPT (Open AI) es un apoyo para la organización preliminar de ideas, sistematización de referencias bibliográficas, consulta de fuentes, y que el uso de esta herramienta debe ser complementario a la reflexión crítica, el análisis personal y el trabajo de investigación original realizado por el autor, sin delegar en la IA la autoría intelectual ni la elaboración de juicios propios. En todo momento se debe priorizar la conducta ética, la transparencia y la responsabilidad intelectual.
Sin embargo, es evidente que existe temor creciente en los ámbitos intelectuales y universitarios frente al uso de inteligencia artificial en la escritura académica. Miedo que, en muchos casos, se traduce en prohibiciones, desconfianza o sanciones veladas. Sin embargo, ¿no deberíamos comenzar a repensar esta postura? ¿Acaso no vivimos ya en un mundo donde el conocimiento no se acumula en silencio, sino que se construye en diálogo constante con lo digital?
Por ejemplo, como estudiante de posgrado, periodista e investigador, he descubierto que el uso ético de herramientas como ChatGPT no solo me permite avanzar con mayor ritmo, sino que enriquece mis procesos de pensamiento. reflexión y síntesis. Me ayuda a ordenar ideas, explorar posibilidades teóricas, reformular hipótesis, sistematizar bibliografía, y repensar la forma en que puedo comunicar el conocimiento. En todo momento, con criterio y conciencia.
Una herramienta, no una trampa
La inteligencia artificial, cuando se usa con responsabilidad, no reemplaza la autoría intelectual ni anula el pensamiento crítico. De hecho, el problema no es el uso de la IA, sino el abandono de la reflexión cuando esta se convierte en dependencia ciega y automática, ya sea por desidia, pereza o renuncia al ejercicio de razonar, de analizar y de pensar.
Por eso es importante diferenciar entre el uso mecánico y el uso transformador de la IA. Yo no le pido a ChatGPT que piense por mí, sino que me ayude a pensar mejor. Y eso implica editar, corregir, discutir, contradecir e incluso desechar lo que me sugiere. El control sigue siendo humano.
Ya lo decía Marshall McLuhan, uno de los más grandes teóricos de la comunicación en los años sesenta: los medios son «extensiones» del ser humano. En esa línea, la inteligencia artificial puede entenderse como una nueva forma de mediación simbólica: una interfaz con la cual producimos sentido, no un enemigo de la autenticidad. Rechazarla sin matices es tan absurdo como prohibir el uso del lenguaje con el argumento de que podría facilitar el plagio.
¿Y si enseñamos a usarla?
Más que perseguir o sancionar a quien usa IA, o difundir prejuicios sin fundamento, lo que la sociedad y la universidad necesita es educar en el uso ético, crítico y creativo de estas herramientas. Porque la verdadera amenaza no es la inteligencia artificial, sino la desinformación sobre ella. Hoy más que nunca necesitamos una pedagogía que nos ayude a pensar con tecnología, sin perder lo esencial: la capacidad de preguntar, contrastar, discernir.
Mi propuesta es sencilla: reconocer que el conocimiento ha cambiado, y que el diálogo con las máquinas forma parte del presente académico. Declarar el uso de IA no es un acto de trampa, sino de honestidad. Y si ese uso está mediado por la conciencia, el rigor y la reflexión, entonces no resta, sino que suma.
El río no se detiene
En un mundo donde la información crece a velocidad exponencial, trabajar con inteligencia artificial no es un lujo, es una necesidad. Pero más aún: es una oportunidad para recuperar algo que a veces olvidamos en la universidad… el asombro por el conocimiento.
Y como el «Río hablador» que da nombre a este periódico digital, la inteligencia también fluye, avanza, se transforma. Aprendamos a usarla con brújula ética y mente abierta. Porque el futuro del pensamiento no será sin tecnología, pero tampoco sin conciencia.
(*) Nivardo Vasni Córdova Salinas es Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura (UDEP), periodista profesional, integrante de Prensa Franciscana y director del diario digital Río Hablador. Actualmente realiza estudios de Maestría en Comunicaciones en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).
Nota del editor.- Este artículo se ha realizado con ayuda del ChatGPT (Open IA)

