Camus y el existencialismo / Domingo Varas
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ESCRIBE: Domingo Varas Loli (*)
“No me agrada creer que la muerte da acceso a otra vida. Para mí es una puerta cerrada”. Así expresa el filósofo francés Albert Camus (1913-1960) su escepticismo sobre la promesa escatológica de una vida eterna. Camus concibe la muerte como un destino inapelable, “un sueño sin sueños …un largo dormir” y la “paz definitiva”.
De acuerdo con Gary Cox el existencialismo es una “filosofía para la vida” y no solo una guía para el pensamiento. El existencialismo no solo busca dar respuesta a las preguntas intemporales de la filosofía (por qué nacemos, quiénes somos, adónde vamos, por qué morimos, etc.), sino que indaga en el sentido de la existencia. Somos un proyecto, un cúmulo de posibilidades, que sólo se hacen efectivas y reales con nuestras decisiones. El destino es una conquista y no un don.
¿En medio de la aventura de la construcción de la existencia humana qué significa la sombra ubicua de la muerte? Para los existencialistas somos seres finitos que vivimos con la consciencia del final. Como ya explicó Heidegger, el ser humano es un ser para la muerte. De manera que la muerte forma parte de nuestro proyecto existencial. Y junto a ella, la nada es otro de los grandes temas que afronta el existencialismo.
Y aunque la vida carezca de sentido, sea absurda y parezca sin fundamentos, debemos actuar y asumir la responsabilidad individual de nuestros actos en lugar de culpar a las normas, al sistema, a la sociedad, al universo o a la divinidad. Haciendo uso de su libertad para elegir su destino, el personaje principal de El extranjero (1940) opta por una vida marginal, en contra de las convenciones sociales y dispuesto a no mentir o fingir lo que no siente. Así no es capaz de articular ningún alegato de defensa cuando fue procesado por haber asesinado por motivos fútiles a un árabe de cinco disparos. Meursault encarna, desde este punto de vista, el prototipo del hombre auténtico, incapaz de imposturas ni siquiera para salvar la propia vida.
La noticia de la muerte de su madre, una de las más escandalosas que podría recibir cualquier ser humano, apenas perturba la rutina de Meursault, quien debió pedir permiso en el trabajo para acudir a las exequias de su madre. Cuando regresó volvió a sumergirse en su vida reiterativa: salir al cine con su pareja, hacer el amor, visitar amigos, trabajar…Nada especial ni singular inflama su vida de emoción. Hasta que el crimen de un árabe cometido por sus propias manos lo saca del ostracismo existencial para situarlo en la coyuntura más inmediata y obligarlo a adoptar decisiones que pongan término a una existencia que discurre marginal y a contrapelo del orden establecido.
¿Por qué lo mató?- le preguntan una y otra vez los magistrados que lo juzgan al principio con cierta benevolencia y después malquistados contra Meursault por su actitud cerril. La respuesta que da Meursault escandaliza a la conciencia de las gentes, estas sienten que están frente a un “monstruo” que ha optado por vivir su propia vida, como un outsider que solo se gobierna por su propia conciencia y sus convicciones.
Ninguna sociedad civilizada puede aceptar que una persona mate a otra porque se sintió irritada por un golpe de calor. Y no lo mató de un solo tiro sino le descerrajó cinco. Cuando fue sometido a un proceso judicial se negó a utilizar estratagemas para excusar su conducta criminal y por eso el juez lo condenó a la pena de muerte. No tanto por el hecho criminal sino por la insular conducta que lo convertía en un excéntrico del orden social, en un extraño.
En la bibliografía de Camus, El extranjero es su obra más representativa y la de mayor calidad. La comenzó a escribir en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el año 1937, en un sanatorio de los Alpes donde convalecía de tuberculosis y la culminó en 1940 cuando Europa vivía en medio de una conflagración bélica que dejaría el espeluznante salto de 50 millones de muertos. No había, pues, mayores razones para el optimismo respecto a la naturaleza del hombre y a los valores e instituciones creados por este.
Camus había nacido en Argelia en 1913. Era, por tanto, un pied noir (forma discriminatoria de denominar a los franceses nacidos en una colonia de ultramar) que gracias a su talento había conquistado la capital cultural hasta convertirse en un mandarín de la cultura francesa. Se quedó huérfano el primer año de vida porque su padre murió en la batalla del Marne en la Primera Guerra Mundial. Logró realizar estudios superiores gracias a becas para los hijos de las víctimas de la guerra. Tuvo un par de buenos profesores que lo iniciaron en la lectura de los filósofos y especialmente le dieron a conocer a Nietzsche. A los diecisiete años contrajo tuberculosis y tuvo que abandonar su pasión por el fútbol y por un tiempo también sus estudios. No fue una decisión fácil, había logrado ser portero del equipo juvenil del Racing Universitair d Alger.
Camus no solo denuncia, sino que hace un llamado a la acción, o, más precisamente, a la rebeldía. Algún tiempo después escribe su obra cumbre El hombre rebelde en la que afirma que “El hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es. El problema está en saber si esta negativa no puede llevarlo sino a la destrucción de los demás y de sí mismo, si toda rebeldía debe concluir en una justificación del crimen universal, o si, por el contrario, sin pretensión a una imposible inocencia, puede descubrir el principio de una culpabilidad razonable.”
Pobreza, marginalidad, enfermedad se conjuraron para hacerle sentir a Albert Camus el absurdo de la vida en carne propia. Este sentimiento era un detonante para la rebeldía, pues podía ser usado para justificar cualquier cosa, incluido el crimen o el ´asesinato. “Si uno no cree en nada, y nada tiene sentido, si no podemos encontrar ningún valor, todo está permitido y nada es importante”.
(*) Domingo Varas Loli. Abogado, docente universitario y periodista. Actualmente reside en Madrid (España). En su larga trayectoria como periodista cultural ha publicado sus artículos en el diario La Industria de Trujillo, el suplemento cultural «Lundero», el diario digital el Lider y actualmente en #RíoHablador. Es autor de los libros «César Vallejo, corresponsal de prensa» (2017), «Retrato de una estirpe» (2022) y «La polifonía en la guerra del fin del mundo» (2019), en torno a la novela de Mario Vargas Llosa.
DOMINGO VARAS EN RÍO HABLADOR
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