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Crónica intimista / Carlos Varas Príncipe

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ESCRIBE: Carlos Varas Príncipe (*)

Me ocurrió anoche. Luego de hacer unas compras y sacar unos pantalones de la lavandería instalada en el mismo centro comercial, me animé a visitar la librería. Caminé en busca de ella y no la encontraba. Di varias vueltas por las pequeñas pero atractivas y seductoras tiendas de ropa de moda elegante y deportiva; por los estantes de dulcerías, comidas rápidas, relojerías, joyerías, etc. Todo un lujo de atracción incluidos los jóvenes y señoritas que atienden dichos negocios con amabilidad y entusiasmo. Pero no encontraba la librería.

Pregunté a una señora, un poco desarreglada ella. Con un polo rojo que dejaba ver su barriguita sobresaliente por el sobre peso. Y con un pantalón azul marino muy apretado en sus pantorrillas que provocaban una interrogante en mi silencio ¿cómo hace para que le entre por los pies? A su lado su nietecito mejor vestido con un polo de Alianza Lima, short blanco y comiendo un helado a las ocho de la noche, pero los dos felices de pasear en el Mallplaza Trujillo, haciendo eco de una frase que leí en alguna de sus paredes: “Salir es vivir”.

—¿Señora sabe en dónde está la librería Friol?
—¿Librería Friol?
—Sí.
—¿Vende libros y aceite para cachangas?
—¿Cómo?
—¿No será Crisol?
—Ha aaaaa sí, sí, sí: Crisol
—Ahí está. En su cara derecha,
—Jejejejeje gracias señora.

La señora se despidió entre una sonrisa y un gesto que hacia mover su cabeza talvez diciendo, este tío, de tanto leer, anda en otro mundo y se olvida del que está pisando.
Mientras me dirigía a la librería, alcancé a escuchar la voz del niño: ¡Ahí está mi mamá, nos está buscando!
Entré a la librería Crisol, ya no me olvidaría su nombre, con mis bultos de ropa en la mano. Me puse mis lentes, porque que a esta edad y por la labor en las aulas, los faros se van opacando. Revisé los primeros estantes con atractivos libros, pero cuyos temas no eran de mi interés por el momento. Se me acercó una jovencita:

—¿Busca algún libro en especial?
—Voy a mirar algunos títulos, luego te llamo.
—Bien señor. Están todos a su disposición.
—Gracias hija.

Seguí revisando las estanterías. Había libros de toda clase, para todas las edades, los más variados intereses y curiosidades. De pronto mis ojos se fijaron en un libro de título, “De la estupidez a la locura” Crónica para el futuro que nos espera, de Humberto Eco. Era sugerente. Rápidamente lo cogí para leer los comentarios de la contratapa. Era un libro que me ayudará a entender el mundo actual y las generaciones que lo habitamos hoy. Lo separé para la posible compra. Cuando iba en dirección a la caja, mirando de reojo otros libros, uno de ellos atrajo mi atención. Era de Sofocleto. Tan solo su nombre me llevó, en el recuerdo, a los años de mi adolescencia cuando lo leía en sus hilarantes y a la vez reflexivas tiras cómicas en un diario, que por ahora no recuerdo su nombre, pero me divertía con sus secciones de humor. Al leer el título y subtítulos, la atracción fue total: “Los Cojudos” Enciclopedia de la conducta humana.

Definitivamente, este libro era de más urgente lectura, en especial porque la coyuntura política y el proceder del ciudadano en el Perú necesitaban una seria explicación. Lo elegí y con mucha pena tuve que dejar el libro de Humberto Eco para otra oportunidad, con el riesgo de ya no volverlo a encontrar. Y es que en “el Perú de las Maravillas”, el sueldo de maestro no alcanza para seguir ilustrándose y culturizándose. Pensaba talvez que Sofocleto, en su libro, me iba a dar algunas respuestas, respecto al tipo de elector peruano y sobre los actores políticos. Una pregunta golpeo mi conciencia: ¿Estaremos siendo parte de una generación cojuda?
Fui a pagar el libro y el joven me dijo: son 59 punto etc.

—¿No hay rebaja?
—No señor. Son precios fijos.
—A caray. Pensé un poco y saqué mi carta bajo la manga: ¿Y con el descuento al docente?
—A ver deme su D.N.I. Sale 48 puntos etc.
Saqué mi maltrecha billetera y dije: me lo llevo.
—¿Desea bolsa incluida?
—Sí

Y Salí airoso llevando mi libro en su bolsita y para mayor alegría, lo puse encima de los bultos de ropa, como para que la gente vea y diga: este señor viste limpio y lee libros. Un ejemplar de ciudadano que urgentemente necesita el Perú de hoy.

Pero la historia no acaba ahí. Aunque falta poco. Casi en la amanecida, luego que una pesadilla me despertó, mientras miraba al techo para retomar mi tan querido sueño, me animé a revisar el libro de Sofocleto. Lo tomé con cierto suspiro nostálgico porque, les reitero, me hacía recordar mi adolescencia. De las primeras páginas de presentación que leía, me produjo una sonora carcajada la siguiente dedicación: “A mi abuelo don José de Lama y Arimendi quien perdió los yacimientos de la Brea y Pariñas de puro cojudo”. La carcajada me duro un largo rato que, al decir lo menos, me alegró el despertar.

Esta primera impresión del libro de Sofocleto me invitaba seguramente a una aventura literaria hilarante, jocosa y a la vez un viaje hacia el conocimiento de la mentalidad de los peruanos. También me hizo recodar al gran periodista Nicolás Yerovi, de quien también leía sus humorosas “Monos y Monadas” en aquella mi adolescencia.

Gracias a esta grata experiencia, estoy animado a leer a Sofocleto y releer a Nicolás Yerovi, ahora ya en mi mayoría de edad, con la madurez que otorgan los años vividos.

Trujillov 12 de junio de 2026

Carlos Varas Príncipe es Licenciado en Educación, especialidad en Historia, Geografía, Filosofía y Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), docente del C.N.V. «San Juan» de Trujillo, poeta y periodista cultural. Es autor del libro «Calín y el discurso por la patria» (2021) y el poemario «Bajo el sol» (2024). Sus artículos también se han publicado en los diarios «Últimas Noticias» de Pacasmayo y «La Industria» de Trujillo. Es colaborador permanente de «Río Hablador».