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«Veredicto y otros cuentos» de Mario Gustavo Cabrera / Por Ernesto Zumarán Alvítez

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ESCRIBE: Ernesto Zumarán Alvítez (*) / ILUSTRACIÓN: Francis Bacon

Julio Ramón Ribeyro decía que «Los grandes cuentistas son autores de cuentos, no solo de un gran cuento. No les interesa escribirlos para llegar al relato perfecto, sino que se valen de ellos para comunicar lo mejor posible, lo que llevan dentro. Lo que le falta a un cuento lo tiene el otro y así, por el principio del mosaico, se completa la figura y, por el de los vasos comunicantes, se equilibra el nivel». Por su parte, Fernando Ampuero, ese otro gran cuentista peruano, decía que «Cuanto más breve el cuento, mayor resulta su eficacia», para después decir que ese criterio de brevedad es relativo, «ya que un cuento de treinta páginas puede parecernos tan conciso como otro de dos».

Teniendo en cuenta lo antes anotado, no hay mejor manera de empezar este proemio que estas citas geniales, sobre todo, si lo dicho en ellas tiene estrecha relación con los diez cuentos que Mario Gustavo Cabrera —seudónimo de Oswaldo Gustavo Carbonel Cabrera— nos entrega en esta ocasión, siendo este su primer libro de cuentos, donde desde el inicio se puede vislumbrar el diestro manejo de la técnica narrativa que implica, claro está, la estructura y el buen ritmo de la prosa, conocedor de sus límites y posibilidades respecto al dominio de la elisión y contextura de los diálogos. En cuanto a las descripciones, estas son pocas, pero precisas, entre otras virtudes que saltan también a la vista como el paciente y arduo trabajo artesanal que le ha permitido obtener una muy aceptable fluidez en la narración.

Es necesario destacar que, para ser la primera entrega de un conjunto de cuentos de este gran escritor lambayecano, el uso y manejo de los instrumentos narrativos como el llamado «unidad de efecto», tal como Edgar Allan Poe lo consideró como parte sustancial del cuento en su conocido ensayo Filosofía de la composición, en donde se pone de relieve que el requisito indispensable para ser un buen escritor es, como ya se ha dicho, la destreza en grado sumo del método lógico en la hechura y confección del relato de marras.

En el caso que nos ocupa, es evidente que nuestro escritor Mario Gustavo Cabrera ha asimilado de manera coherente y armónica, las múltiples enseñanzas de sus maestros en la narración, ya sea de Julio Cortázar, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti y hasta del escritor norteamericano Stephen King (sobre todo los cuentos de este autor), siendo una de las lecciones bien asimiladas el de haber concebido relatos cuyas partes tienen relación entre sí, y no ser simples fragmentos o retazos desiguales —que si bien tampoco equivale a decir que son malos los cuentos que se acogen a dicha característica—, ofreciéndonos así textos muy interesantes, como el cuento «Pabellón «M», el mismo cuento «Veredicto», título que es también el del libro que reúne los cuentos; «Vuelta», en el que el autor incursiona en el relato fantástico, premunido de las enseñanzas de Julio Cortázar, entre otros. Con el cuento «Pabellón «M», el autor logró ser finalista en el concurso organizado por Petróleos del Perú, específicamente en la XXII Bienal de Cuento, en cuyo prólogo de esa edición, se hace ver cierta influencia de Juan Rulfo en el manejo del tema y de los diálogos “entre los muertos”, instrumentos técnicos asumidos por Mario Gustavo Cabrera con el temperamento y la madurez necesarios para no desbocarse en el uso de los mismos; hecho que evidencia una vez más que estamos frente a un trabajo que se sustenta en una muy bien definida opción dentro del relato, percibiéndose el uso de un lenguaje espontáneo que se guía siempre por la economía expresiva; siendo el ejemplo más preclaro el cuento titulado “Vuelta”, en donde resulta sintomático una especie de homenaje que Mario Gustavo rinde a Julio Cortázar, si se tiene en cuenta que su fuente es una de las narraciones del maestro argentino, «Continuidad de los parques», una pieza maestra dentro del relato fantástico, la misma que destaca por su brevedad, y en donde Cortázar echa mano a la llamada « transgresión temporal y discursiva», que marca una frontera entre lo real y lo fantástico.

En efecto, en el cuento antes aludido, nuestro autor se interna al igual que Cortázar, en dos mundos de ficción, los que después terminan por comunicarse al final del relato. En el primer mundo ficcional, aparece la señora Mechita quien recibe el periódico como todos los días para comenzar a leerlo con la misma fruición cotidiana, pero en esta ocasión con “cierta ansiedad”, mientras la mañana discurre como cualquier otro aunque fluyendo subterráneamente una especie de presagio, para advertir luego una noticia policial en donde se anuncia un asesinato en un lugar cualquiera de la ciudad. En el segundo mundo ficcional, en donde finalmente convergen ambos planos es el lugar donde se habría producido el asesinato, evidenciándose así la continuidad de la escena trágica, por cuanto es la señora Mechita quien termina siendo la persona asesinada, y quien estaba leyendo en el periódico su propia muerte. En ese sentido, el esquema planteado es similar al del cuento de Cortázar, quien al igual que el gran cuentista argentino logra generar un espacio en donde es posible la fusión y continuidad de los dos mundos ficcionales en comentario, penetrando apoteósicamente así al terreno de lo fantástico.

Otra vertiente en la que incursiona Mario Gustavo es en el relato de humor. En el cuento «Era justo y necesario», se hace gala de una serie de recursos tendientes a plasmar una historia truculenta y deliciosa como la mencionada. En efecto, se advierte con claridad meridiana que los protagonistas de esa historia, Honorio y su esposa Obdulia, discurren a partir de episodios cotidianos que comparten en su vida conyugal, viviendo situaciones en donde se deslizan los peculiares problemas de toda pareja que conforman un determinado contexto social, con sus violencias, sus perturbaciones que traen las más de las veces las pasiones irresueltas, y que conducen irremisiblemente a que los personajes opten por el absurdo o la ridiculez. El humor debidamente dosificado en este relato se destaca por el excelente manejo del hecho disparatado, es decir, la trama en donde radica la esencia del cuento está idóneamente insertado en el cambio del discurso —como las comparaciones insólitas—, y en algunas ocasiones se ve reflejado en el cambio del punto de vista como en el flujo de conciencia de los personajes. En resumidas cuentas, este relato sobresale por la energía irónica que destila a partir de sus protagonistas y los hechos inesperados que viven y experimentan en cada situación absurda o trágica.

En el caso del cuento «Veredicto», narrado en primera persona a través de un narrador testigo, nos encontramos con personajes protagonistas que ostentan en todo momento una conducta patibularia, y en el que se omite con acierto, cual dato escondido, las razones por las cuales se asumen dichos comportamientos en algunos casos de excesiva violencia. En ese sentido, la información dada por el narrador está restringida a datos esenciales, dejando que el lector asuma el papel de adivinar el resto. La frustración y el desencanto persiguen a los protagonistas de este cuento, como no puede ser de otra manera, pues los rodea un mundo incierto, de valores desmitificados, sorprendidos a cada instante por una realidad que no entienden y que los obliga mal que bien a subvertir los mismos valores que los asedia a fin de no sucumbir ante lo que enfrentan.

El cuento más extenso es «Pabellón «M», y se respira en él desde el inicio el vacío existencial de sus personajes, no porque estén muertos sino más bien porque anhelan furiosa y nostálgicamente volver a la vida, creando en ellos una ansiedad mortuoria, por llamarlo de alguna manera, que los impulsa al diálogo —oblicuo muchas veces—, con el fin de no perecer —aunque suene paradójico—, en medio de la oscuridad que los acecha sin pausa alguna, y también en medio de un mundo que desde lo externo igualmente se cae a pedazos, abrumado por las enfermedades (como la Pandemia COVID-19) que ocasionan una trágica crisis de la salud internacional, con la consecuente crisis espiritual que trae la pandemia, crisis política, crisis económica, muertos que a través de sus diálogos y lamentos, recorren de cabo a rabo la historia narrando la difícil travesía de la humanidad en sus distintos y complicados estratos sociales. Los muertos hablan y nos cuentan cómo la condición humana es llevada hacia el horror vacui de su propio abismo a tal punto que la señorita Estela, una muerta insigne que después de haber escuchado con atención las lamentaciones de sus muertos vecinos, y de recordar a sus más cercanos familiares que dejó en vida antes de morir, irrumpe con todo en un arranque hacia la misma luz, en un afán inusual y extraordinario por recuperar el aliento vital que había perdido hace muchos años, otra vez inmersa en la resucitación de sus carnes y huesos encenizados por la muerte, en un claro símbolo de que el amor, como en el poema «Masa» de César Vallejo, es más grande que cualquier obstáculo que desde fuera parece imponerse al ‘hombre humano’, como llamó alguna vez Oswaldo Reynoso a lo esencial de la humanidad.

Otro cuento que destaca por el uso de una prosa clara y sencilla, con ritmo que fluye con naturalidad, es el titulado «Cuando vuelvo a la rutina». Esta pieza posee rasgos de humor que lo delinean como una sátira social, pues hay en él un personaje que es una moneda de cinco soles, y que inicia con un testimonio en primera persona donde entra en juego, aunque de refilón, el tema político y los parlamentos del poder, para luego conducirnos a otros episodios en que destaca una buena dosis de crítica social, si se tiene en cuenta que «la moneda de cinco soles», no pierde en ningún momento de su discurso narrativo la consciencia de estar plenamente instalado entre los distintos resortes que conforman nuestro contexto social, entre ellos la costumbre y el prurito muy humano de hallar en medio de la desgracia un poco de “calor humano”, dando cuenta, cómo no, de ciertas relaciones humanas delimitadas por los vericuetos de la hipocresía moral, cuestionándolas desde una segunda persona que pretende abarcar lo más profundo de esa actitud; pero, finalmente, sin perder el horizonte de la condición humana que también suele alcanzar estados poéticos que buscan hallar una luz en medio de tanta oscuridad, como así parece ser la cita de unos versos del poeta Javier Heraud (aunque no se nombra al poeta), pero que constituyen un símbolo de la búsqueda constante de una identidad.

Mario Gustavo Cabrera —seudónimo de Oswaldo Gustavo Carbonel Cabrera—, fiel a la herencia recibida de Cortázar, insiste en el cuento «Lapso» en adentrarse nuevamente en las vetas del relato fantástico. En este cuento se entrecruzan dos historias, tal como en el cuento de Cortázar «La noche boca arriba». En este caso, el protagonista al escuchar la voz de una estudiante ensayando una canción, se extasía con la voz de ésta, y como por ensalmo, empieza a escribir con rapidez versos cuyo origen es un verdadero misterio. El otro personaje es el mismo Gustavo Adolfo Bécquer, quien como consecuencia de padecer una grave enfermedad está al borde de la muerte, y anhela en medio de esa mortal crisis, trascender en el tiempo y el espacio y ser reivindicado, opción que recaerá en el primer protagonista, quien, finalmente escribe los insignes poemas de Bécquer, por lo que entendemos que ambos personajes son el mismo, apreciándose un ambiguo juego de espacios y tiempo. Aquí, lo único que tenemos que impugnar a Mario Gustavo es no definir con la solvencia necesaria esas constantes que hubiesen permitido una mayor ligazón de esos espacios y tiempos —me refiero a las descripciones de sensaciones físicas, auditivas y sensoriales—, para que la ambigüedad se difuminara y se esclareciera del todo al final del relato. Al margen de eso, el cuento es una pieza interesante dado que de ninguna manera es sencillo manejar esos instrumentos tan poco flexibles cuando se trata de contrastar las dimensiones como lo son la realidad y el sueño, entre otros paralelismos.

Los cuentos restantes como «Antes del anochecer», «Oropel», «Como un encargo cualquiera» y «Solo fue por honor», todos ellos de corte realista, nos remiten a la ineludible visión de una vida anodina que los personajes viven hasta casi regodearse en el fracaso, echando mano a un furioso registro de expectativas prontamente frustradas, poniendo de relieve, las más de las veces con sórdido realismo, la mecanización de un sistema que corrompe los distintos estadios de la vida personal y social hasta arrastrar de los personajes las acciones más procaces.

En suma, a mi juicio, las piezas que conforman este primer libro de cuentos de Mario Gustavo Cabrera, están marcados por similar símbolo y tragedia, enaltecidos por la versatilidad de sus diálogos y por el dilema moral que los eleva por encima de los estragos de la cotidianidad y porque en ellos habita una profunda verdad existencial que nos conmueve con superlativo dolor y alegría.

Chiclayo, 24 de mayo de 2024.

(*) ERNESTO B. ZUMARÁN ALVÍTEZ: Nacido en la ciudad de Chiclayo – Perú, en el año 1969. Abogado de profesión. Perteneció al Círculo Literario “Argos”, conjuntamente con los poetas Joaquín Huamán Rinza, Luis Antonio Noblecilla Rivas y Carlos Becerra Pupuche. Ha escrito los poemarios Todavía el paraíso, Los Templos Ausentes, De prófugos y vigilias, La danza y el fuego, el Libro del Umbral, In Perpetuum, La noche y su sombra y La noche que se desvanece y otros poemas. En narrativa, ha escrito el libro de cuentos Ninguna historia que contar y la novela corta Las últimas tinieblas. Fue co-fundador de la Revista de Literatura, Ideas y Sociedad Entera Voz junto a Stanley Vega Requejo. Ha obtenido los siguientes premios: Primer puesto en la III Bienal de Poesía “ Poeta Joven de la Renom” (1995); mención Honrosa en el VIII concurso “El poeta joven del Perú” (1995); Primer Puesto en los II Juegos Florales Universitarios, otorgado por la Universidad Nacional “Pedro Ruiz Gallo” en (1995); Finalista de la XII Bienal de Poesía “Premio Copé de Poesía 2005”; Finalista del Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva”, organizado por Azafrán y Cinabrio Ediciones por el Gobierno del Estado de Aguascalientes, México, (2007); Segundo Puesto en el II Concurso Internacional de Poesía “Javier Heraud”, organizado por la Fundación Yacana (2009). Ha sido finalista del XVI Bienal Copé de Poesía en el año 2013 (Perú) y Premio Copé de Plata en poesía en el año 2017 (Perú).