CRÓNICASCULTURALETRASPUNTO DE VISTA

El Julius de mi abuela paterna / Por Ricardo Musse

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ESCRIBE: Ricardo Musse Carrasco, Darling verbal (*)

Mi abuela paterna se llamaba Emma. Cuando yo vivía en Lince en un edificio neblinoso, era la única que se inmiscuía en nuestras anónimas cotidianidades. Nadie visitaba para sacarnos, siquiera un momento, de nuestros arraigados hábitos ermitaños. Por eso, cuando arribaba, los domingos vespertinos, era el único instante que abandonaba mis historietas y mis revistas deportivas para impregnarme de su presencia premonitoria de eternidad.

Papá usualmente estaba dormitando. Las malas noches lo acurrucaban hasta que el crepúsculo le infundía, de manera colorida, su aliento desfalleciente de inminente nocturnidad.

A tu papá de chiquito le decía mi Darling y él, enternecido, se dejaba arrullar por los abrazos infatigables que toda progenitora ofrenda a los que han abandonado, para toda la vida, sus entrañas.

Mi abuela se daba tiempo (después de cocinarnos, con la sazón de la nostalgia, su ternura) para rememorar las vivencias de su primogénito. El era el más excéntrico de sus hijos. Conjeturo que heredé de él eso, pero transmutado en el desquiciamiento de las palabras que arrojo, exasperadas semánticamente, desde mis latidos verbales hacia las líricas destinaciones.

Era tu papá introvertido, dado a la melancolía, solía confinarse para escribir versos elegiacos; también pinceló un cuento que me lo dio a leer, dedicándomelo porque a mí me gustaban los huertos alegóricos. Cuando nació le quise poner de nombre Julius, de lo hermoso que era y, fundamentalmente, por la inolvidable reminiscencia; pero tu abuelo, un desvergonzado iletrado, se negó rotundamente.

La abuela nos sublimaba el alma, hasta que emergió el desenlace postrero, se tuvo que albergar, ineludiblemente, dentro de las entrañas de la muerte. Yo crecí y descubrí el hallazgo definitorio de mi existencia. A los veinte años, leyendo al entrañable Bryce Echenique, evoqué a la abuela Emma, diciéndole, amorosamente, Darling a mi querido padre.

Sullana, 14 de marzo de 2026.

(*) Ricardo Santiago Musse Carrasco (El Callao, 1971) es Licenciado en Pedagogía y Derecho, Magíster en Psicología Educativa, escritor, poeta y periodista cultural. Actualmente es subdirector de la I.E. INIF48. Es columnista del diario «Tribuna» (Sullana) y Río_Hablador (Lima). Ha publicado los siguientes poemarios: “Sirodima” (1990), “Cinematografía de una adolescencia” (2006), “El espíritu giratorio del viento” (2006), “Eternidad” (2008), “Apostasías” (2009), “El viento de las heridas” (2011), “Música” (2011), “Lumbres primordiales” (2012), “Homo” (2012), “La voz insular” (2012) y “Lagrimas” (2013) y los ensayos “Poética piurana de las postrimerías: sus pulsiones seculares y sus rasgos divergentes” (2009) y «El porqué de los hipocorísticos Paco» al alimón con la profesora Diana Consuelo García Aguilar (2021). Además ha publicado «Crónicas anómalas» (2025), selección de sus textos periodísticos. Su biografía ha sido incluida en la enciclopedia virtual Wikipedia (ver aquí).