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Arica y nuestra bandera: simbología para nuestro tiempo / Carlos Varas

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ESCRIBE: Carlos Varas Príncipe / ILUSTRACIÓN: Juan Lepiani.

Reflexiones sobre la heroicidad de Francisco Bolognesi y Alfonso Ugarte.

En esta nota no creo necesario hacer un recuento de lo que pasó en la Batalla de Arica. Invito al lector a tomar un poco de su tiempo este fin de semana para informarse al respecto. Tenemos mucha información en Facebook, YouTube, google y en los viejos libros de historia olvidados en algún rincón de la casa. Creo si importante, pensar en el valor trascendente de los ideales que llevaron al sacrificio a nuestro ejército comandados por sus jefes.

“Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”, fue la respuesta del coronel Francisco Bolognesi, al enviado del jefe militar chileno que pedía la rendición del Perú ante el ejército invasor.

Entre 1879 y 1884, el enemigo era el invasor chileno. El desastre del Perú venía desde fuera. El enemigo que causaba destrucción y muerte venía desde Chile a través de sus ejércitos y su fuerza militar naval.
Pero sucede que hoy el enemigo está dentro de nosotros. Surgió dentro de nosotros.
Si en la batalla de Arica la destrucción y muerte vinieron de las armas y de la soldadesca chilena, hoy el dolor y muerte vienen de nosotros mismos, de los mismos peruanos: la delincuencia criminal y la corrupción son los enemigos que están destruyendo la vida de los peruanos y la vida de la nación peruana.

El Perú de hoy está sumido en el miedo al secuestro, el sicariato, el cobro de cupos y el asesinato. Esta frustrado por la corrupción que le impide alcanzar sus niveles de una vida de calidad.
El Perú esta desorientado y sin esperanza porque no halla lideres ni organizaciones en los que deposite su confianza y su fe en una nueva sociedad de paz, prosperidad y desarrollo.

Sin embargo, son estos graves momentos de crisis social y crisis de fe que vive el Perú, los que exigen recuperar el hondo mensaje y el gran valor moral de las palabras y acciones heroicas de nuestros héroes de la batalla de Arica: Francisco Bolognesi y Alfonso Ugarte.

Es el momento urgente de que cada funcionario, cada ciudadano, cada joven y en especial cada adolescente y nosotros mismos, actuemos en la vida cotidiana, en el quehacer diario, teniendo en nuestra mente y conciencia, la frase: “Tengo deberes sagrados que cumplir”.

Pero el cumplimiento del sagrado deber exige, en primer lugar, una seria preparación. Digo seria preparación, porque se debe abandonar el facilismo en el trabajo y en los estudios, malos hábitos que son el germen de la corrupción y la mediocridad. Estudios serios desde la escuela hasta la educación superior y posgrado.

Cuando la patria peruana lo requirió, Francisco Bolognesi, puso a su disposición toda la formación profesional y militar, que había adquirido en sus años de juventud y que ya había probado exitosamente en las empresas en donde trabajó y en los campos de batalla en donde actuó.

Con una seria formación, el ciudadano peruano tendría un desempeño eficiente en los espacios en donde le tocaría actuar: el congresista no presentaría ni aprobaría leyes que están destruyendo al Perú y que lo siguen manteniendo en el atraso económico, industrial y técnico y lo que es peor, destruyendo las instituciones sobre las cuales se asienta la nación organizada.

El funcionario y trabajador del estado no se comprometería acciones tontas que se encaminan hacia la corrupción. No se entiende porqué, teniendo un sueldo de 4, 5, 10, 15 mil soles y hasta de 25 mil soles, según el cargo o función que cumplan en la estructura económica, tienen que sobornar o sustraer el dinero del Estado, utilizando una serie de artimañas para ganar unos cientos o miles de soles más, para después ser descubiertos, enjuiciados y encarcelados. ¿De qué le valió ganar más por actos de corrupción?

Realmente, como dice el diccionario, es un acto tonto y falto de inteligencia. ¿es eso? O como diría el gran apóstol Pablo, “es el mal que vive en mi”. Entonces estamos ante un problema espiritual, el pecado social, y eso ya requiere otra solución.

Con una preparación seria, la juventud no estaría pensando que su futuro estará seguro cuando sea estrella de futbol o cantante de música urbana. Tendríamos una juventud que no se dejaría alucinar por la propaganda televisiva ni por las redes sociales que constantemente estimulan vivir en el mundo del espectáculo, en una vida banal e improductiva.

El adolescente escolar, en cada día de clase tendría muy claro en su mente y conciencia: “tengo deberes sagrados que cumplir”, y no venir al colegio con la idea de “hacer hora” en el aula, el cafetín o en los patios. Esta sería una acción inconsciente de estafa a sus padres, frustrando sus esperanzas de un futuro mejor para ellos mismos y para su familia. Actuando seriamente, el estudiante no tendría la necesidad que sus padres se aglomeren cada fin de bimestre para reclamar por sus calificaciones.

En segundo lugar, después de una seria preparación, es necesario recuperar el sentido de patria. El pensamiento predominante desde los años 90, es el ultra individualismo. Tus proyectos de vida están íntimamente ligados a tu propio desarrollo personal, perdiendo de vista tus aportes como profesional, técnico, funcionario, como padre de familia o como obrero, al desarrollo y bienestar del Perú. Los ideales de patria, Perú e inclusive el de familia, han desaparecido de nuestra mente. Este vaciamiento mental del sentido de país ha sido producto de la influencia de la televisión comercial y de algunas corrientes psicológicas y pedagógicas que han ensalzado el desarrollo del individuo y no del ser social.

Francisco Bolognesi y Alfonso Ugarte respondieron a un llamado de la patria para defender su territorio y su dignidad de nación: luchar contra el enemigo chileno hasta quemar el último cartucho, es decir luchar hasta la muerte.

Bolognesi defendiendo el territorio en el campo de batalla y Alfonso Ugarte, aparte de luchar en el campo, defendió nuestra bandera peruana, símbolo de la nación peruana a costa de su propia vida.
Los enrolados al ejército peruano acudieron a defender el país, su territorio y su gente. No había en la tropa ni en los altos mandos militares peruanos un ánimo de realización personal. Por el contrario, las cualidades, capacidades e inclusive las riquezas personales, como el caso de Alfonso Ugarte, joven proveniente de una familia con cierto poder económico, fueron puestos al servicio de la patria.

Los tiempos del Perú actual, exigen que el legado moral de nuestros héroes de Arica, sintetizada en las frases “tengo deberes sagrados que cumplir y las cumpliré hasta quemar el último cartucho”, se hagan parte de una cultura del deber y del sacrificio por un Perú, que desde hace más de 200 años está reclamando ser el más desarrollado del América y del mundo aprovechando la gran riqueza natural, histórica y cultural que tenemos.

Trujillo 06 de junio de 2025
Carlos Moisés Varas Príncipe