Recuerdos / Hannah Garcés
![]()
ESCRIBE: Hannah Angeline Garcés Carhuapoma
Compartimos en Río Hablador el cuento ganador del concurso literario «Ellas escriben 2025».
Sus retinas divisaron a lo lejos su entrañable figura, un gran hombre la llevaba del brazo. Las yemas de sus dedos sutilmente tocaron su recuerdo, lágrimas brotaron de sus ojos, dio un suspiro y continuó su camino. Ángeles, atrapada en el laberinto del ayer, suplicaba al cielo un reencuentro con su padre. Un anhelo que resonaba en lo más profundo de su ser, un deseo de volver a sentir su presencia, aunque fuera por un fugaz instante.
Y entonces, la divinidad, en su infinita compasión, respondió a su plegaria. La voz cálida y familiar de su padre, el brillo de sus ojos color café, su sonrisa sincera, todo se materializó ante su mirada atónita. El aroma a tabaco, impregnado en su ropa, la envolvió en un abrazo eterno, transportándola a los días felices de su infancia.
Como un torrente, los recuerdos inundaron su mente. Se vio a sí misma, una niña de ojos negros y vivaces, cabalgando sobre los hombros de su amado jinete. Juntos, recorrían paisajes de ensueño, donde el olor a tierra mojada se mezclaba con la fragancia de la hierba recién cortada. Cada instante era un tesoro, un momento de felicidad pura e incondicional.
Una frágil mariposa, con alas del mismo tono que los ojos de su padre, se posó delicadamente sobre su mano. En ese instante mágico, la vida y la muerte se entrelazaron, creando un lazo eterno. Los recuerdos, como joyas preciosas, permanecían resguardados en el fondo de su alma. Pero la sombra de la fugacidad, la certeza de que todo es efímero, oscureció su dicha.
De repente, un grito desgarrador, como el estallido de un trueno, rompió la quietud del momento. Las viejas puertas de madera se abrieron de golpe, revelando a su madre, con el rostro pálido y las manos temblorosas, corriendo hacia ella. El cuerpo de Ángeles yacía inerte en el suelo, con el cordón de una soga atado a su cuello. Su anhelo de alcanzar la eternidad se había cumplido, pero no de la forma que ella imaginaba.
El eco de su adiós resonó en el aire, un recordatorio de que los lazos del amor trascienden la vida y la muerte. Y aunque su presencia física se había desvanecido, el recuerdo de su padre, su amor incondicional, permanecería eternamente en el corazón de Ángeles.

