Mi hermana / Por Ricardo Musse
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ESCRIBE: Ricardo Musse Carrasco (*)
Mi única hermana se irguió desde la nada primordial, estallando la flácida barriga de mamá, hacia este mundo repleto de vacuas realidades, en 1974. Llegó, como nosotros, mi hermano mayor y yo, a una atmósfera familiar enrarecida por la orfandad autoritaria y disfuncionales códigos que, en vez de dotar a los latidos primigenios de una articulación significativa, comenzó, desde ya, a distorsionar sus frágiles senderos hacia la incomunicación y la distancia.
Ella era muy distinta a mí. Yo desde pequeño ahondaba, con una arrinconada timidez, en las concavidades de las ensoñaciones, profundamente ensimismado, internándome dentro de sus rastros inconmensurables; que, luego –esto era irremediable-, me conducirían hacia un reino donde la escritura, por lo menos en las desnudas superficies, vistiéndolas con insulares palabras, configuraría la perdida armonía de nuestros corazones.
Mi hermana, como una manera de resarcirse la estropeada autoestima, se entregó obsesivamente al estudio. Siempre estuvo encaramada en el cenit académico. Una vez salida del colegio, mientras descubría el pragmatismo como vocación (obligada por las malditas carencias económicas), se convirtió en una de las mejores vendedoras de electrodomésticos en Sullana; mientras tanto en mí la literatura, durante mis dubitativos vaivenes vitales, resultó ser el decisivo hallazgo de mi existencia.
A ella, por otro lado, nunca la cautivó la ideología: Lo único izquierdo en su vida siguen siendo sus diagonales latidos y sus zurdas caligrafías.
Sólo la distancia geográfica propició, al cabo de los años, cierto acercamiento de nuestras almas. Pues, antes ella, por su lado, hacía su vida y yo, por el mío, la mía: Ella, en cómo embelesar a sus potenciales clientes y luego, cuando el crepúsculo, una vez desfallecido, suscitaba que reluzcan nuestras sombras, hurgar en el cuerpo de la noche; y yo en cómo cortejar, ofrendándoles fidelidad perpetua, a las encabritadas y redentoras palabras.
Poquísimas veces nos vertimos humanamente. No creo que, en esos tiempos, haya valorado sinceramente mis sendas literarias. Al contrario, entre nosotros hubo siempre una latente tensión, un inminente colapso del frío vínculo fraternal que nos legaron nuestros padres y un apabullante descalabro de una solidaridad inexistente absorbida en nuestros entornos existenciales.
Hace seis años que reside en los Estados Unidos; ha resplandecido su mundo con sus dos hijas y con su, ya último, primogénito. Tiene un semental esposo llamado Leonard. Embutida, como siempre, en su irrenunciable pragmatismo trabaja en lo que sea para forjar una vida digna para los suyos. Ella, actualmente, le retribuye a mi tía por cautelar a mis tres hijos, cuando me embarco, recalando exhausto en Catacaos, en la ingenua tarea de edificar a mis alumnos y alumnas.
Aunque los reencuentros o valoraciones, casi siempre, son inútilmente tardíos, no está demás intentar, a la distancia, confraternizar con la única y pragmática hermana que esta vida me dio.
12 de noviembre de 2010.
(*) Ricardo Santiago Musse Carrasco es Licenciado en Pedagogía y Derecho, Magíster en Psicología Educativa, escritor, poeta y periodista cultural. Es columnista del diario «Tribuna» (Sullana) y Río_Hablador (Lima). Ha publicado los siguientes poemarios: “Sirodima” (1990), “Cinematografía de una adolescencia” (2006), “El espíritu giratorio del viento” (2006), “Eternidad” (2008), “Apostasías” (2009), “El viento de las heridas” (2011), “Música” (2011), “Lumbres primordiales” (2012), “Homo” (2012), “La voz insular” (2012) y “Lagrimas” (2013) y los ensayos “Poética piurana de las postrimerías: sus pulsiones seculares y sus rasgos divergentes” (2009) y «El porqué de los hipocorísticos Paco» al alimón con la profesora Diana Consuelo García Aguilar (2021). Su biografía ha sido incluida en la enciclopedia virtual Wikipedia en: https://en.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Musse_Carrasco

