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María Moliner: «La dama de hierro» / Domingo Varas Loli

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ESCRIBE: Domingo Varas Loli (*)

Una reseña biográfica de la notable bibliotecóloga y lexicógrafa, autora del Diccionario de uso de la lengua española.

“Mi verdadero oficio es remendar calcetines”, declaró en una oportunidad María Moliner Ruiz (Paniza, Zaragoza,1900-Madrid, 1981), la lexicógrafa española de vocación que emprendió en 1953 la temeraria tarea de elaborar un Diccionario de uso de la lengua española de más de tres mil páginas en dos tomos. Fue una respuesta sincera -lejos de poses y alharacas verbales- brindada por una mujer que alternaba las labores del hogar con su labor de archivera y bibliotecaria y su proyecto lexicográfico descomunal al que dedicó quince años cuando ya era una respetable abuela (había cumplido 53 años).

La curiosidad universal de la que hacía gala la Moliner provenía, sin duda, de su formación escolar en el Instituto de la Libre Enseñanza (ILE) de Madrid. Este centro educativo propugnaba una reforma educativa contra el escolasticismo inspirado en las ideas del pensador alemán Karl Krausse. Los frutos de esta buena educación se hicieron patentes en la brillante generación española del 27, integrada por Rafael Alberti, García Lorca, Luis Buñuel, entre otros artistas e intelectuales.

En el ILE se congregó lo más graneado de la intelectualidad española. Entre ellos Américo Castro, connotado lingüista y autor de El pensamiento de Cervantes que como docente del curso de gramática le hizo a la Moliner varias tachas al texto que redactó como práctica escolar. Fue ahí cuando la Moliner descubrió los entresijos del lenguaje y se propuso conocerlo más a fondo.

El azar también metió su baza. Entre los dieciséis y los veintidós años colaboró en la elaboración de un diccionario de voces aragonesas y la revisión de la edición número 14 del Diccionario de la lengua española. Al cabo de estas experiencias fortuitas contrajo el vicio de rastrear vocablos y modismos en periódicos y textos literarios y registrarlos en papeletas lexicográficas.

Hasta entonces el español carecía de un diccionario de uso, solo contaba con los diccionarios general, etimológico, histórico, de autoridades. Todavía faltaba auscultar la inventiva verbal de los hispanohablantes para dar cuenta de la riqueza semántica de nuestra lengua. ¿Qué buscaba encontrar en ese maremágnum de palabras? Su mundo perdió el eje el día en que su padre, don Enrique Moliner Sanz, ginecólogo de profesión, se enroló en la Marina y viajó rumbo a la Argentina, donde conformó una nueva familia y se olvidó por completo de su madre y sus hermanos. Ella contaba apenas con cuatro años de edad y, de pronto, el mundo le mostraba sus desagradables fauces.

Ese vacío metafísico que nadie habría de palpar tuvo que ser cubierto por una ambición de magnitud desaforada. Y la elaboración de un diccionario de uso constituyó una suerte de placebo para sobrevivir, venciendo al cerco de malhadadas circunstancias.

María Moliner, bibliotecaria y lexicógrafa española.

EL EXILIO INTERIOR

Tras la victoria de los nacionalistas en la Guerra Civil española optó por el exilio interior, una forma discreta de luchar contra la barbarie y resistir a las arbitrariedades. El destierro -atajo que transitaron miles de españoles- fue desechado por la familia Ferrando Moliner. La lexicógrafa debió pasar por las horcas caudinas de la “depuración”, proceso por el que el franquismo defenestraba de la burocracia a cualquier servidor público que hubiera colaborado con los republicanos o fuera tildado de “progre”.

Se había incorporado al servicio público el año 1922 tras haber participado en concursos de méritos y había ascendido a la jefatura de la Oficina de Adquisición de libros y a la dirección de la Biblioteca de la Universidad de Valencia. Su campaña como adalid de la lectura fue bastante incomprendida por los burócratas del nuevo régimen que la destituyeron en 1939 de los cargos directivos. Hasta su Proyecto de bases de un plan de organización general de bibliotecas del Estado (1937), un programa técnico que en determinados pasajes rayaba con la utopía para poner el libro al alcance del lector, fue declarado inviable.
“…Hay que aspirar, como ideal, a una organización tal que permita que cualquier lector en cualquier lugar pueda conseguir cualquier libro que le interese”, reza una parte del documento.

LA ACADÉMICA SIN SILLA

La sociedad española no se había librado del prejuicio contra la mujer cuando en 1972 … presentaron su candidatura para incorporarla como académico de número en la Real Academia de la lengua Española (RAE). La reacción en cadena fue negativa. El más reacio fue Camilo José Cela que salió a dar mandobles contra esta propuesta.

La discreta María Moliner prefirió guarecerse en medio de las sombras. Optó por el perfil bajo y el silencio como respuesta elocuente. En verdad tenía todos los méritos para ocupar un sillón de la RAE. No lograrlo le supuso un gran alivio, según recordaba Gabriel García Márquez con motivo de su muerte, porque le aterraba pro – nunciar el discurso de admisión “¿Qué podía decir yo –la citaba el escritor– si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines?”.

La mujer de una memoria elefantiásica que la ayudó a elaborar durante quince años el repertorio léxico más exhaustivo de la lengua española murió de una arterioesclerosis cerebral que la sumió en el silencio y la afasia.

(*) Domingo Varas Loli. Abogado, docente universitario y periodista. Actualmente reside en Madrid (España). En su larga trayectoria como periodista cultural ha publicado sus artículos en el diario La Industria de Trujillo, el suplemento cultural «Lundero», el diario digital el Lider y actualmente en #RíoHablador. Es autor de los libros «César Vallejo, corresponsal de prensa» (2017), «Retrato de una estirpe» (2022) y «La polifonía en la guerra del fin del mundo» (2019), en torno a la novela de Mario Vargas Llosa.

DOMINGO VARAS EN RÍO HABLADOR

Ver aquí: https://elriohablador.wordpress.com/category/domingo-varas-loli/