La maravillosa planta andina llamada coca / Mítchell Cabrera
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ESCRIBE: Mítchell Cabrera Rodríguez (*)
—La naturaleza ha prodigado al mundo andino de una planta maravillosa llamada coca, cuyas hojas han sido usadas como alimento y medicina en nuestro país desde tiempos remotos, incluso desde mucho antes de la fundación del Imperio de los incas. El hombre andino siempre la consideró como una planta sagrada, porque la hoja de coca le proporcionaba energías extraordinarias para vencer y adaptarse a la geografía accidentada de su hábitat y porque curaba todos sus males. La hoja de coca era utilizada en los rituales del antiguo Perú, pues el poblador del Ande, por medio de ella, establecía contacto con sus divinidades.
Siglos después, con la llegada de los conquistadores españoles, la imagen sacralizada de la coca dejó de tener vigencia. La coca fue perseguida desde 1540, ya que los invasores en su tarea de evangelizar a los indios, y en su afán de extirpar las idolatrías, fueron los primeros en desprestigiar a esta maravillosa planta, oriunda del Perú, condenando a la hoja de coca de manera absurda e injusta, al considerarla como «planta del demonio». Este prejuicio tuvo una presencia predominante durante toda la época colonial. Sin embargo, por esos mismos años, diversos cronistas, tanto españoles como indígenas, dieron un veraz testimonio de sus magníficas propiedades nutritivas y medicinales, por lo que podemos afirmar que fueron estos escritores del siglo XVI y XVII, los primeros en reivindicarla.
Cabe mencionar el gran aporte académico que hizo el médico, literato y prócer de la Independencia, don José Hipólito Unanue y Pavón (1755 – 1833), quien, a pesar de existir más de dos siglos de censura contra el uso de la hoja coca, fue el primero en fundamentar científicamente sus propiedades y utilizaciones benéficas, en diversos artículos publicados en el periódico el Mercurio Peruano (1794), llamándola «el architónico del Reino Vegetal», ejerciendo una cerrada defensa y difusión de su consumo.
En la actualidad, las propiedades benéficas de la hoja de coca son motivo de controversias y debates, ya que muchos estudiosos de la medicina natural sí la consideran como un alimento indispensable e incluso se atreven a afirmar que en el futuro será una gran alternativa contra el hambre y la desnutrición como lo fue en su momento la papa, otro gran producto peruano, que logró salvar de la hambruna a la población europea, angustiada por la escasez de alimentos durante el siglo XVII y XVIII. Sin embargo, algunos médicos consideran que la hoja de coca tiene efectos perjudiciales para la salud, uno de estos es la supuesta posibilidad de causar adicción porque dentro de su composición química contiene a una sustancia llamada cocaína, la cual se emplea para la fabricación de poderosos estupefacientes (como el clorhidrato de cocaína), cuya preparación, distribución, comercialización y consumo han dado lugar a un monstruoso imperio económico llamado narcotráfico, cuya expansión mundial está causando preocupación en todos los Estados y gobiernos del mundo, a tal punto que se le cataloga como el principal flagelo del siglo XXI.
Debemos tener en cuenta que la hoja de coca no es sinónimo de cocaína, mucho menos de drogadicción; por ello, es necesario saber que la cocaína es uno de los 14 alcaloides que forman parte de su composición química y que, además, está compuesta por proteínas, vitaminas y minerales; por lo tanto, en su forma natural, la hoja de coca jamás podrá causar adicción. El problema radica en la utilización de la cocaína, como materia prima, para ser sometida a un proceso químico llamado maceración, el cual permite la preparación del clorhidrato de cocaína, tan mortífero para la salud de quien lo aspira, porque para obtener esa sustancia final, hay que agregar otros elementos como éter, lejía, soda cáustica, entre otras; todas ellas ejercen una acción destructiva sobre las neuronas.
La hoja de coca, contrariamente a lo que la mayoría de personas cree, se presenta como una excelente fuente nutricional, tiene altos contenidos de proteínas, vitaminas y minerales. La historia del Perú nos demuestra que nuestros antepasados eran grandes consumidores de esta planta, y la ingerían a través del chacchado (mascado) y de la harina (polvillo), por eso gozaron de muchos años de vida y salud. Esto se puede probar a través de los restos momificados que se han encontrado en diversas partes de nuestro país, y sorprendentemente todos ellos conservan casi intactos su anatomía muscular y ósea.
En la época incaica también se consumían otros productos vegetales, cuyos cultivos estuvieron muy difundidos, como la maca, la quinua, la kiwicha, el yacón, el tarwi, el olluco, etc., todos ellos muy estimados por su alto contenido nutricional; pero por encima de ellos, sin lugar a dudas, se ubica la hoja de coca, en la cual, según diversas investigaciones realizadas por las Naciones Unidas, desde 1950, se logró determinar la existencia de 14 alcaloides (compuestos orgánicos derivados de los aminoácidos con gran efecto fisiológico). A nivel proteico también supera a la quinua y a la maca. Posteriormente, las propiedades nutritivas de la hoja de coca fueron confirmadas por medio de diversas investigaciones realizadas por la Universidad de Harvard (Estados Unidos) en 1975.
A modo de conclusión, podemos afirmar que la hoja de coca debe ser considerada como un símbolo de tradición e identidad cultural. Nosotros como buenos peruanos debemos revalorar la presencia de esta planta milenaria y maravillosa en el escenario nacional.
(*) Mítchell Cabrera Rodríguez cursó estudios de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Realizó la maestría en Educación en la Universidad César Vallejo. Es un investigador autodidacta en temas de historia, geografía y biología. Ejerce la docencia en las áreas mencionadas y también labora en el sector editorial elaborando material educativo, así como redactor y corrector de textos. Tiene una obra inédita titulada Cánticos y reflexiones, donde combina la poesía y la filosofía.
Nota del editor.- Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor. Río Hablador no se solidariza necesariamente con estos puntos de vista y los difunde como forma de difusion cultural.

