La tabla y el skate amarillos de Harold y el truco evocativo de Ángelo Caro / Por Ricardo Musse
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ESCRIBE: Ricardo Musse Carrasco, Skater verbal (*)
Harold vivió en Lince en el edificio donde mi niñez transcurrió con la suya enternecidos por las nieblas matutinas. Mi amigo siempre inauguraba lo inaccesible para la mayoría de lo que conformábamos la collera. Éramos, pues, hijos de anónimos que arribaban a nuestras casas abrigados con la vestidura humilde del silencio. Él era blanquiñoso, mientras las pecas de su rostro lo asemejaban a los vikingos, pero de una portentosa delgadez -como yo-, lo que nos facilitaba alcanzar, increíblemente, los disparos que parecían meterse, de manera inexorable, en el rincón de las animas.

Harold fue el que nos hizo tocar, con perpleja admiración, una tabla para correr olas. La collera frecuentaba la playa la Herradura. Las citadinas sirenas que nos acompañaban morían por montarse en la tabla amarilla. Pero prontamente las espumosas riberas las desestabilizaban por el miedo acuoso que persigue a las féminas a las que se les ha conferido la delicadeza de saltar dando grititos que sobresaltaban nuestro enamorado corazón.
Al presenciar ahora al skater Ángelo Caro amaestrándose en la continuidad aérea de su patineta, delineando, en el espacio vertical, las volteretas que nacen del vaho de los latidos, impulsándose con ingravidez taumatúrgica para bordear infinitudes, remontando infranqueables curbs, bordillos, gaps, handrails, pyramids y funboxes, recuerdo cuando Harold, un domingo, en pleno verano, apareció con su skate igualmente amarillo, deslizándose por toda la larga avenida urbana, sorteando veredas empinadas, macizos muretes y rampas que conducían irremediablemente hacia las ineludibles despedidas.
Mi amigo Harold ahora vive -habiéndose desplazado con la nostalgia a cuestas- en Estados Unidos. Yo recorrí un trecho mucho más corto, mientras la melancolía prosigue curvándose dentro mío. No obstante, el skater Ángelo Caro, subcampeón mundial de Skateboarding, produjo este inolvidable truco evocativo: la tabla y el skate para montar hacia los infinitos recuerdos.
Sullana, 13 de abril de 2026.
(*) Ricardo Santiago Musse Carrasco es Licenciado en Pedagogía y Derecho, Magíster en Psicología Educativa, escritor, poeta y periodista cultural. Es columnista del diario «Tribuna» (Sullana) y Río_Hablador (Lima). Ha publicado los siguientes poemarios: “Sirodima” (1990), “Cinematografía de una adolescencia” (2006), “El espíritu giratorio del viento” (2006), “Eternidad” (2008), “Apostasías” (2009), “El viento de las heridas” (2011), “Música” (2011), “Lumbres primordiales” (2012), “Homo” (2012), “La voz insular” (2012) y “Lagrimas” (2013) y los ensayos “Poética piurana de las postrimerías: sus pulsiones seculares y sus rasgos divergentes” (2009) y «El porqué de los hipocorísticos Paco» al alimón con la profesora Diana Consuelo García Aguilar (2021). Recientemete publicó «Crónicas anómalas» (2025). Su biografía ha sido incluida en la enciclopedia virtual Wikipedia en: https://en.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Musse_Carrasco

