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La noche oscura como revelación y fracaso de la profecía: lectura de «La noche y su sombra» de Ernesto Zumarán

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ESCRIBE: El cronista digital (*)

La primera sección del poemario «La noche y su sombra», titulada La noche oscura, se abre con el poema Poética de la noche [o contra el arte de la profecía], texto que funciona como una declaración estética y filosófica del libro. Desde sus primeros versos, Ernesto Zumarán sitúa al lector ante una experiencia de despojamiento espiritual, donde la poesía deja de ser certeza para convertirse en interrogación.

El poema comienza con una imagen radical: “¿Cómo será estar desnudo frente a la noche…?”

La desnudez no alude al cuerpo, sino a la conciencia. El hablante poético se enfrenta a la noche sin las máscaras que antes sostenían su identidad. El poema que alguna vez escribió aparece ahora como “arena entre los ojos”, metáfora que sugiere desgaste, ceguera y pérdida de sentido. La escritura, que en otro tiempo prometía revelación, se muestra frágil ante el paso del tiempo.

La noche como territorio de memoria

A lo largo del poema, la noche se convierte en el espacio donde se confunden infancia, deseo y muerte. Las ciudades, los puentes, las calles y las plazas evocadas no forman un paisaje realista, sino un escenario interior. El sujeto poético recorre esos lugares como quien atraviesa su propia memoria, consciente de que todo esplendor solo se reconoce cuando ya ha desaparecido.

Cuando el poema pregunta: “¿Dónde, en qué lugar fue que reconociste por primera vez el esplendor…?”

no busca una respuesta concreta. La pregunta señala que el sentido de la vida nunca se revela en el momento mismo en que ocurre, sino cuando ya ha sido perdido. Esta conciencia de la pérdida acerca la poesía de Zumarán a la tradición existencial de César Vallejo, así como al simbolismo nocturno de José María Eguren, donde la realidad se vuelve imagen y la imagen se vuelve pensamiento.

Contra la ilusión de la profecía

El subtítulo del poema —contra el arte de la profecía— introduce uno de los temas centrales del libro: la desconfianza frente a toda certeza absoluta. La profecía representa la pretensión de anticipar el destino, de creer que existe un orden claro que puede ser anunciado por la palabra.

El poeta afirma: “Tantas profecías engullidas por el fuego de lo inacabado.”

Toda visión termina destruida por el tiempo. Ningún poema logra cerrar el sentido de la existencia. La escritura aparece entonces como tentativa, como búsqueda que nunca concluye.

La referencia a Antonin Artaud refuerza esta idea: la poesía nace de la crisis, del desgarro, de la imposibilidad de reconciliarse con el mundo.

El poeta como errante

En la parte central del texto surge la figura del poeta que camina por la ciudad nocturna como un ser separado de la realidad:

“Ahora solo caminas a través de las ciudades como un ángel…”

El ángel no es símbolo religioso, sino figura del exiliado, del que observa sin pertenecer. La poesía se origina en esa distancia, en la conciencia de que lo vivido ya no puede recuperarse.

La noche se vuelve entonces un espacio de tránsito, un umbral entre lo que fue y lo que ya no puede volver.

La noche como ilusión necesaria

El poema concluye con una afirmación inesperada:

“Felizmente la noche no existe.
Es solo la ilusión de un bosque perdido…”

Después de haber presentado la noche como oscuridad y angustia, el texto la redefine como ilusión. No se trata de negarla, sino de reconocer que pertenece al ámbito simbólico. La noche es una creación del espíritu humano para comprender su propia finitud.

En este sentido, el poema establece el tono de todo el libro: la poesía no promete salvación, pero permite atravesar la incertidumbre.

Con este texto inicial, la sección La noche oscura inaugura una poética del límite, donde la palabra se mueve entre la memoria y la pérdida, entre la revelación y el fracaso, entre la luz y la sombra.

*) El cronista digital es colaborador cultural de Río Hablador. Bajo este seudónimo se publican textos que exploran el vínculo entre literatura, educación y tecnología, con un estilo reflexivo y cercano, orientado a tender puentes entre la tradición cultural y los lenguajes de la era digital.

Nota.– Este artículo ha sido elaborado con apoyo de herramientas de inteligencia artificial (ChatGPT, desarrollada por OpenAI), bajo supervisión editorial.

ACERCA DE ERNESTO ZUMARÁN ALVÍTEZ

Nacido en la ciudad de Chiclayo – Perú, en el año 1969. Abogado de profesión. Perteneció al Círculo Literario “Argos”, conjuntamente con los poetas Joaquín Huamán Rinza, Luis Antonio Noblecilla Rivas y Carlos Becerra Pupuche. Ha escrito los poemarios Todavía el paraíso, Los Templos Ausentes, De prófugos y vigilias, La danza y el fuego, el Libro del Umbral, In Perpetuum, La noche y su sombra y La noche que se desvanece y otros poemas. En narrativa, ha escrito el libro de cuentos Ninguna historia que contar y la novela corta Las últimas tinieblas. Fue co-fundador de la Revista de Literatura, Ideas y Sociedad Entera Voz junto a Stanley Vega Requejo. Ha obtenido los siguientes premios: Primer puesto en la III Bienal de Poesía “ Poeta Joven de la Renom” (1995); mención Honrosa en el VIII concurso “El poeta joven del Perú” (1995); Primer Puesto en los II Juegos Florales Universitarios, otorgado por la Universidad Nacional “Pedro Ruiz Gallo” en (1995); Finalista de la XII Bienal de Poesía “Premio Copé de Poesía 2005”; Finalista del Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva”, organizado por Azafrán y Cinabrio Ediciones por el Gobierno del Estado de Aguascalientes, México, (2007); Segundo Puesto en el II Concurso Internacional de Poesía “Javier Heraud”, organizado por la Fundación Yacana (2009). Ha sido finalista del XVI Bienal Copé de Poesía en el año 2013 (Perú) y Premio Copé de Plata en poesía en el año 2017 (Perú).