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La noche como territorio del espíritu: lectura de «La noche y su sombra», de Ernesto Zumarán

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ESCRIBE: El cronista digital (*)

Publicado por Ediciones Copé, el libro se articula alrededor de un motivo central: la noche. Sin embargo, no se trata de una noche descriptiva o paisajística, sino de una categoría espiritual. La noche en Zumarán es memoria, límite, conciencia del tiempo y también escenario donde el sujeto poético confronta su propia fragilidad.

El poemario se organiza en varias secciones que funcionan como movimientos de una misma exploración interior. A través de ellas, el lector asiste a un recorrido que pasa por la evocación de la infancia, la ciudad, el deseo, la muerte y el fracaso de toda certeza. La escritura se convierte así en una forma de interrogación más que de respuesta.

Uno de los rasgos más visibles del libro es su carácter intertextual. En sus páginas aparecen ecos de la poesía simbolista, del existencialismo moderno y de la tradición latinoamericana que concibe el poema como un espacio de revelación, pero también de duda. La referencia constante a la noche permite que el discurso poético se desplace entre la experiencia personal y la reflexión metafísica.

En este sentido, La noche y su sombra no busca narrar acontecimientos, sino explorar estados del ser. El poeta camina por ciudades nocturnas, recuerda voces, contempla paisajes interiores y se enfrenta a la conciencia de que todo lo vivido se desvanece. La escritura surge entonces como un intento de fijar lo que inevitablemente se pierde.

El poema Poética de la noche [o contra el arte de la profecía], comentado anteriormente, puede considerarse el núcleo conceptual del libro, pues en él el autor cuestiona la idea de que la poesía pueda anunciar verdades definitivas. La palabra poética aparece como búsqueda, como tentativa, como un gesto que no elimina la oscuridad, pero permite atravesarla.

En las próximas entregas leeremos el poemario poema por poema, siguiendo el orden del libro, para reconocer los símbolos, las imágenes y las ideas que construyen esta obra, una de las más significativas dentro de la poesía peruana contemporánea.

(*) El cronista digital es colaborador cultural de Río Hablador. Bajo este seudónimo se publican textos que exploran el vínculo entre literatura, educación y tecnología, con un estilo reflexivo y cercano, orientado a tender puentes entre la tradición cultural y los lenguajes de la era digital.

Nota.– Este artículo ha sido elaborado con apoyo de herramientas de inteligencia artificial (ChatGPT, desarrollada por OpenAI), bajo supervisión editorial.

ACERCA DE ERNESTO ZUMARÁN ALVÍTEZ

Nacido en la ciudad de Chiclayo – Perú, en el año 1969. Abogado de profesión. Perteneció al Círculo Literario “Argos”, conjuntamente con los poetas Joaquín Huamán Rinza, Luis Antonio Noblecilla Rivas y Carlos Becerra Pupuche. Ha escrito los poemarios Todavía el paraíso, Los Templos Ausentes, De prófugos y vigilias, La danza y el fuego, el Libro del Umbral, In Perpetuum, La noche y su sombra y La noche que se desvanece y otros poemas. En narrativa, ha escrito el libro de cuentos Ninguna historia que contar y la novela corta Las últimas tinieblas. Fue co-fundador de la Revista de Literatura, Ideas y Sociedad Entera Voz junto a Stanley Vega Requejo. Ha obtenido los siguientes premios: Primer puesto en la III Bienal de Poesía “ Poeta Joven de la Renom” (1995); mención Honrosa en el VIII concurso “El poeta joven del Perú” (1995); Primer Puesto en los II Juegos Florales Universitarios, otorgado por la Universidad Nacional “Pedro Ruiz Gallo” en (1995); Finalista de la XII Bienal de Poesía “Premio Copé de Poesía 2005”; Finalista del Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva”, organizado por Azafrán y Cinabrio Ediciones por el Gobierno del Estado de Aguascalientes, México, (2007); Segundo Puesto en el II Concurso Internacional de Poesía “Javier Heraud”, organizado por la Fundación Yacana (2009). Ha sido finalista del XVI Bienal Copé de Poesía en el año 2013 (Perú) y Premio Copé de Plata en poesía en el año 2017 (Perú).