El «Jorge Chávez»: aposento de mis bohemias de poeta noventero / Ricardo Musse
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ESCRIBE: Ricardo Musse Carrasco (*)
Mi fidedigno y único transcurrir bohemio, durante toda mi existencia, fue en los noventa del siglo pasado. La poesía se había erigido, insular y omnipotente, sobre mis adolescentes latidos. Desplegué la escritura -aunque defectuosa e insolente- provisto del imposible cometido de repararme las laceraciones metafísicas. No obstante, aún persevero volcando palabras, puesto que mi divinidad es lo indescifrable, vale decir, el misterio del nombrar.
Con un grupo de diletantes, nos amanecíamos leyéndonos los versos, estremeciéndonos con la tribulación poetizada por Vallejo, versificándonos con la coloquialidad urbana de Verástegui y alucinándonos -sin estupefacientes ni por sustancias espirituosas- con las inauditas visiones del inigualable Gabo.
La Plaza de Armas era el recinto donde nos congregamos, hasta cierta hora. En ese tiempo, la pileta era colonizada -y hasta expropiada- por los pitucos de la provincia. Mientras, el vulgo -cual autómatas caballos en un imaginario hipódromo- circulaba dando vueltas y vueltas alrededor de la Plaza de Armas.
Cuando irrumpía la medianoche, siempre recalábamos hacia el local del Chávez. Específicamente, donde se expendían infusiones, sándwich, sopa y comida. Éramos zanahorias; pues, nuestra bohemia, aunada a nuestros alicaídos bolsillos, era presidida por tazas de manzanilla, anís, té o café y con el humilde pan con mantequilla.
Los billaristas de al lado, a veces, nos sacaban, de improviso, de nuestras tertulias cuando intuíamos que las carambolas asemejaban un poema trinitario y recordábamos, nostálgicos, el cuento achorado de Oswaldo Reynoso.
Los casineros, desvanecidos por azares humeantes, conjugaban lúdicamente los números, así como Oquendo de Amat jugueteaba con los rabdomantes versos; y nosotros, los bohemios, nocturnamente, afincados dentro de las evocaciones aladas de la poesía.
Lo lirico del futbol hace levitar a la pelota dentro del éter de nuestros corazones y apropiándose, por toda la eternidad, del ritmo de los versos inefables rememora, centenariamente, la hazaña de Carlos Vargas Machuca, Tomás Mauricio Ward, Bernardino Farfán, Marcos Távara, Calin Godos, Pedro Aponte, Alejandro Romero y Antonio Rivera quienes contribuyeron a la obtención del campeonato nacional de 1936.
Actualmente, el grupo de diletantes que acompañó mi vocación de poeta ya no colorean vocablos; yo todavía, tozudamente, vuelco expresividades estéticas; por otro lado, he engendrado tres churres, ellos me han heredado el impulso creador; pero no con la palabra sino con el balón; espero que los hacedores del buen juego (Aarón, Abraham y Emmanuel) cuando crezcan hagan volar -hasta los Alpes sempiternos- los esféricos sueños de nuestros corazones.
La Perla del Chira, 22 de noviembre de 2019.
(*) Ricardo Santiago Musse Carrasco es Licenciado en Pedagogía y Derecho, Magíster en Psicología Educativa, escritor, poeta y periodista cultural. Actualmente es subdirector de la I.E. INIF48. Es columnista del diario «Tribuna» (Sullana) y Río_Hablador (Lima). Ha publicado los siguientes poemarios: “Sirodima” (1990), “Cinematografía de una adolescencia” (2006), “El espíritu giratorio del viento” (2006), “Eternidad” (2008), “Apostasías” (2009), “El viento de las heridas” (2011), “Música” (2011), “Lumbres primordiales” (2012), “Homo” (2012), “La voz insular” (2012) y “Lagrimas” (2013) y los ensayos “Poética piurana de las postrimerías: sus pulsiones seculares y sus rasgos divergentes” (2009) y «El porqué de los hipocorísticos Paco» al alimón con la profesora Diana Consuelo García Aguilar (2021). Su biografía ha sido incluida en la enciclopedia virtual Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Musse_Carrasco

